Conducción autónoma ¿Apocalipsis ahora?Última Actualización: 25/10/2014

Comienzan en firme las primeras pruebas reales de automóviles que se conducen solos en pistas y carreteras. Llevan un arsenal tecnológico compuesto por múltiples cámaras e infinidad de sensores que “leen” las señales viales y guían los carros con pasmosa precisión y a velocidades previamente establecidas hasta puntos caprichosamente marcados por quienes programaron los “cerebros” de dichos automotores. Todo un ejemplo, como no, de los avances de la técnica en el manejo y control de un vehículo a voluntad. Algo ya visto incluso en los aviones de combate no tripulados, que actúan con sorprendente precisión contra objetivos militares sin poner en riesgo la vida de ningún piloto, porque sencillamente ¡No hay piloto!.

A los entusiastas del automóvil y por supuesto, de la conducción de un automóvil, estos avances nos llegan con algún asomo de amargura y preocupación, pues el primer pensamiento que nos asalta es ¿Y el placer de conducir, dónde queda?. ¿Nos veremos abocados a echar mano del pasado en el futuro para rememorar qué se sentía el conducir un automóvil que estuviera realmente en nuestras manos? ¿Tendrá alguna emoción viajar a velocidades constantes y sin aspavientos de un destino a otro mientras nos caemos de aburrimiento como quien viaja en la primera clase de un avión o un crucero?.

El sacrosanto nombre de la seguridad y la preservación de la vida será la bandera que esgriman los defensores de la conducción robotizada y razón no les falta, pues anualmente se pierde la existencia de 1,2 millones de personas en el mundo por causa de la poca educación que tenemos al volante.

Eso sí, también es cierto que aun faltará mucho tiempo para que el 100% de la conducción en el mundo seas automatizada y habrá caminos olvidados de la mano de Dios en donde un automóvil como estos sea inútil por su precariedad de trazado y nula señalización, como los que abundan en nuestra zona. Solo es una fase experimental la que estamos viviendo, pero es inevitable no pensar en una línea continua de automóviles moviéndose a la misma velocidad y a la misma distancia entre uno y otro, mientras adentro sus ocupantes charlan, leen, duermen o, claro, juegan con sus dispositivos móviles a placer.

Tal vez nos estemos haciendo viejos y veamos el futuro con la típica mirada escéptica, como hace 100 años, cuando un sector de la población veía al automóvil como una máquina infernal causante de muerte y espanto por las impensadas velocidades de 60 km/h que alcanzaban. Pero sinceramente, quien suscribe estas líneas ya no imagina la vida cotidiana sin agarrar un volante y sentir ese placer infinito de dar vida a un motor de combustión para controlar con su propio criterio y habilidad el invento más maravilloso del siglo XX, el automóvil tal y como lo conocemos.

Juan Moreno
Director Editorial.