Lejos de terminar está la tragicomedia de la polémica revisión tecnicomecánica y de gases que debe aplicarse a todos los vehículos motorizados que ruedan por el país y que tengan ¿2?, ¿5?, ¿6? años de antigüedad.
Al momento de escribir estas líneas ni en el propio Ministerio sabían ya cuándo hay que pasar por los CDA para obtener el certificado, tal es el desgreño y el desconocimiento que manejan en esa cartera con respecto a la medida, que en un principio parece sana pero que, como suele ocurrir con lo que en el papel luce apropiado y lógico, se ha ido desdibujando por las caprichosas determinaciones de nuestros legisladores.
En los países civilizados se hace periódicamente la revisión a los automotores como medida de prevención de accidentes por fallas mecánicas y como rasero para controlar los niveles de emisiones de residuos contaminantes. Es un tema que ya está inventado y que los propietarios cumplen sin chistar y conscientes de los beneficios que este trámite ofrece a sus propias vidas y al medio ambiente.
Pero en Colombia la medida se volvió un problema por la informalidad con la que el Ministerio maneja todo lo que tiene que ver con los vehículos que ruedan por sus vías. Quienes montaron los Centros de Diagnóstico Automotor se frotaban las manos con la cantidad de clientes que tendrían en sus instalaciones pasando “juiciosamente” por el requisito. Pero no hubo tal. Lo que se destapó fue una enorme cifra de carros que circulan sin sacar aun dicho certificado, en condiciones impresentables y sin ofrecer un mínimo de seguridad a sus pasajeros, además fue caldo de cultivo la medida para montar una red de expedición de documentos falsos y adulterados que inflaron las cifras de corrupción a niveles impensados.
En los gigantescos CDA los empleados jugaban cartas, leían prensa o mataban el tiempo silbando mientras aparecía algún ciudadano consciente de hacer la famosa revisión y para colmo de males, la Ley Antitrámites atrasó el proceso para los carros hasta 6 años después de su matrícula.
Eso fue apenas en enero de este 2012, pero sospechosamente un juzgado de Bogotá aceptó una acción de tutela que le metió reversa al asunto y ahora resulta que no, que es cada dos años y no seis, lo cual deja en un limbo jurídico a más de 600 mil personas que tienen carros nuevos y no saben cuándo hay que pasarlos por la prueba tecnicomecánica.
Mientras se soluciona este galimatías jurídico, el Ministerio corre a apagar las llamas para que estos miles de conductores no sean multados ni presionados en retenes viales a exhibir el famoso papel, ofreciendo treguas y “sensibilizaciones” con las autoridades para que no salgan con los colmillos afuera a cazar presuntos infractores.
Mientras este birlibirloque toma alguna forma, la gente sigue sin saber cuándo hay que hacer la necesaria revisión y mientras tanto, cientos de miles de carros que ya cumplieron su ciclo de rodaje siguen tan campantes por ahí, sin frenos, sin suspensión, con llantas como patines y carrocerías que se arrastran penosamente, pero eso sí, muchos con el flamante papel que asegura que es imposible que su adefesio cause daño en la vía.
Mejor dicho, como se escucha por ahí: “Lo que está malo siempre es susceptible de empeorar”.
Juan Moreno
Director Editorial
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