Nuestra excusa para probar el MiTo después de ser lanzado hace más de un año era muy sencilla: sus competidores más cercanos ya pasaron por nuestras manos.
Texto: Juan Moreno, Manuel Fernández. Fotos: Julián Muñoz, Manuel Fernández
El Alfa Romeo MiTo es otro de los concurrentes a la deseada oferta de subcompactos de capricho, un segmento que definitivamente se afincó en un selecto pero ávido grupo de clientes que disfrutan de un vehículo personal con un diseño diferenciador y unas prestaciones superiores al promedio.
Dentro de esta selección es obligatorio mencionar a los MINI, al Volkswagen New Beetle, al Citroën DS3, al Seat Ibiza FR, al recién llegado Audi A1 y al más pequeño Fiat 500.

Golpe visual
Hay que decir que el impacto al observar el MiTo es contundente, su estampa es llamativa y su silueta es totalmente contemporánea, con un frontal de faros como ojos saltones y una nariz que lleva en la parrilla el distintivo de la marca en forma de triángulo invertido.
La cintura es bastante alta y al llegar al pilar B, se convierte en una pequeña ventana lateral para cada puesto trasero, casi como una claraboya que no puede abrirse ni bascular.
Atrás, la zaga es limpia, con un vidrio también pequeño y un par de lámparas redondas que albergan la direccional, tienen borde cromado (versión Distinctive) y resaltan por el empleo de tecnología LED. El logo de Alfa Romeo funciona como botón para abrir la compuerta y la luz de reverso y la antiniebla van ubicadas en la parte inferior del paragolpes.
Adentro, llama la atención de inmediato la confección del tablero, pues el material que lo recubre es inusual en otros vehículos. Se trata de una superficie semi-dura que visualmente se asimila a la fibra de carbono.
La visera alberga dos relojes que indican velocidad y giros por minuto y dos minúsculas esferas para el medidor de combustible y el termómetro de agua.
Al medio se halla un computador de consumos y distancias de muy fácil manejo y dos memorias de viaje (Trip A - Trip B). Hay una práctica mini-gaveta a la izquierda del volante para objetos como un celular, que junto a los portavasos en los amplios aunque cortos bolsillos de las puertas, compensan la ausencia de más huecos en la consola central, que es más bien limpia.
El nivel de acabados, con respecto a sus competidores, lo ubica en una posición intermedia. Las ingeniosas salidas de ventilación, el bonito pomo del selector o el suave cuero de los asientos, que puede ir teñido en llamativos colores, sacan la cara por un habitáculo que no tiene ningún detalle especial que delate el precio del MiTo.
El volante, en cuero con apliques pseudo-metálicos y de formas irregulares, es regulable en altura y profundidad. Permite operar el sistema de telefonía y entretenimiento Bluetooth por comandos de voz, que en los Fiat y Alfa Romeo se denomina Blue & Me. Bajo la palanca de las direccionales, hay un mando especial para el control de crucero y el limitador de velocidad.
Amplia dotación
Esta versión del MiTo que se vende en nuestro país viene equipada con un dispositivo para elegir tres modos de conducción denominado DNA. Es una leva a un lado de la barra de cambios cuya función explicaremos más adelante.
En el apartado de seguridad, este pequeño Alfa es sobresaliente. Siete airbags, control de estabilidad (VDC) con ayuda de arranque en pendientes, control de tracción (ASR) y diferencial autoblocante Q2 (que permite mayor tracción a la rueda que no patina en una curva), todo complementando, por supuesto, al antibloqueo ABS con la asistencia del EBD.
Las luces son de gas xenón en las medias e iluminan con homogeneidad en la noche con una sensación de luz día muy segura y eficaz, si bien en la unidad probada en Bogotá la regulación automática en altura apuntaba muy arriba, generando molestias entre los conductores que venían en sentido contrario.
Resaltamos los envolventes y bien diseñados asientos, con el escudo de la marca repujado. Son duros y sujetan correctamente la espalda, pues tienen ajuste lumbar. Un pequeño reposabrazos separa las plazas delanteras y al usar frecuentemente el cambio es mejor abatirlo.
Al igual que un Audi A1 o un MINI, es un vehículo de cuatro puestos en donde una persona de estatura promedio (1,75 m) ya roza el techo atrás. Ahí el espacio longitudInal obliga a abrir levemente las piernas, si bien se pueden introducir los pies bajo los cojines de la primera fila.
El baúl es justo para el equipaje de dos pasajeros o de los cuatro si solo llevan morrales (270 l). Está bien rematado sin ser sobresaliente la alfombra y el borde de carga es alto.

Rodar y rodar
Las emociones comienzan en el MiTo una vez insertada la llave de navaja. Todas las agujas se mueven a manera de check control, en un efecto planeado para poner en situación a los ocupantes y avisar que este carro no se va a mover como un trivial sedán familiar.
La postura de conducción es impecable, el grip del volante ofrece seguridad y dado su tamaño, todo está a la mano. Un punto a revisar es que con la silla elevada, el espejo retrovisor interno o los parasoles interfieren mucho en la visual hacia el frente. Cuesta acostumbrarse debido a las reducidas dimensiones de toda la superficie vidriada.
El propulsor es el 1,4 litros T-JET “Turbo Benzina”, como reza la placa roja sobre la tapa del filtro de aire, tiene 155 caballos a 5.500 rpm y un torque de 23,5 kg-m. a 3.000 vueltas. Se habla de un posible reemplazo de este motor para nuestro país por el famoso y galardonado MultiAir de mayores prestaciones y mejor economía de combustible.
El embrague es suave y con un recorrido corto, muy apropiado para realizar los cambios rápidamente, aunque podría cortar aún más abajo. El guiado de la palanca es un poco largo y se siente algo “esponjosa”, pero comunica con fidelidad y las transiciones están bien marcadas.
En más de una ocasión, la segunda no entró como debería haciendo una conducción apurada. Se requiere la acción del brazo completo para engranar la siguiente marcha, cuando en otros vehículos de este tipo basta con un intuitivo movimiento de la mano. Dicho hábito hizo que en algunos casos el selector se quedara a mitad de camino.
Como en varios motores turbocargados, la respuesta al arrancar es demorada y hay que usar más pedal del deseado para afrontar rampas de salida o pasar un resalto. Y ya que hablamos de rampas, de los autos de este segmento que hemos probado, el MiTo nos pareció, junto al Audi A1, el más bajo al rozar con frecuencia el protector del parachoques.
Cuando el cuentavueltas supera las 2.000 rpm, el MiTo muestra su casta y de qué está hecho. El turbo entra muy suave pero de manera progresiva y lineal, la constancia en la aceleración así lo atestigua y es fácil alcanzar el corte a 6.500 revoluciones en un santiamén al ritmo de un pegajoso sonido de escape, que disimula bastante el silbido de la sobrealimentación.
En línea recta, la sensación es de constante empuje y no debe ser difícil lograr los 215 km/h que anuncia la ficha técnica como velocidad máxima.
El escalonamiento de los seis cambios está muy bien pensado y aprovecha un propulsor que permite mucha elasticidad. Su aceleración se ve muy favorecida por la mínima caída de régimen entre segunda y tercera, mientras que aún en sexta es capaz de recuperar con propiedad (a 120 km/h marca 3.000 rpm).
En carreteras reviradas, se siente una ligera tendencia del MiTo a sacar la cola cuando la exigencia es fuerte, nada peligroso pero si muy divertido, pues el VDC actúa manteniendo la calma. La sensación puede resultar algo molesta para quienes no están acostumbrados a este tipo de manejo más “extremo”. Su agilidad al cambiar de trayectoria lo acerca más a un MINI Cooper S, mientras que un DS3 y un A1 dejan sentir un poco más las inercias.
La suspensión de este modelo está conformada por el sistema McPherson adelante y una barra de torsión semi independiente atrás.
Como otros conjuntos de orientación deportiva, tiene un recorrido corto que minimiza el balanceo y el cabeceo y a ratos resulta ruidoso, sobre todo atrás.
¿Culpa de nuestras carreteras?, podría decirse que sí. La vocación de este modelo está dada para las cintas asfálticas de países del primer mundo, pero el importador podría proponer un pack de malas carreteras, como lo hacen otros automóviles que llegan desde Europa.
El sistema DNA del que les hacíamos antes mención, está compuesto por tres modos de manejo: Dynamic, que reduce la asistencia de la dirección y tiene una respuesta más directa del motor cuando se acelera al hacer que el turbo “cargue” antes.
En modo Normal, los parámetros son más neutros y se mejora el consumo del combustible, penalizando la recuperación desde las 2.000 rpm, pues notamos en nuestro caso que en montaña le costaba subir en tercera cuando en Dynamic escalaba sin esfuerzo. La opción All Weather (todo clima), adapta el control de tracción para poder rodar con soltura en barro, arena o nieve si fuese menester.
Los frenos no tuvieron reparo alguno, el pedal es de recorrido muy corto y los discos detienen al MiTo en muy pocos metros y con total seguridad. En la prueba no manifestaron síntomas de calentamiento y en una detención súbita en mojado el tren trasero mostró una tendencia casi imperceptible de descolocarse.
Su dirección, pese a contar con una rapidez ideal (hay menos de tres vueltas entre topes), no transmite casi información sobre el estado del camino y se siente algo artificial. El “Torque Steer” (la tendencia del volante de halar hacia los lados al acelerar a fondo) es menos acusado que en un Citroën DS3.
Hicimos 235 kilómetros en Medellín y 127 en Bogotá, obteniendo un promedio de 39,3 kilómetros por galón en el primer caso y de 48,3 en la capital, obviamente de gasolina Extra. Es una cifra relevante si tenemos en cuenta que donde hubo posibilidad y buen despeje, exigimos a fondo sus capacidades.

Carácter definido
El Alfa Romeo MiTo cumple perfectamente su objetivo de llamar la atención donde quiera que va. Es un carro con un buen caudal de emociones para dos, se desenvuelve bien en carreteras abiertas y en la ciudad resulta divertido de llevar alegre de vueltas. Nos agradó su buen sistema de audio y ayudas a la conducción.
Dentro de los pequeños hatchbacks de tres puertas en este nicho, el MiTo es una obligada opción a considerar si más que refinamiento en sus acabados o una marcha equilibrada por comodidad y estabilidad, se buscan numerosas virtudes en el plano mecánico y un comportamiento con una puesta a punto que le da relevancia a la deportividad.
No hay una sola manija de techo, solo dos ganchos para ropa en las plazas traseras.
Los espejos de cortesía en los parasoles están asistidos por una luz que se prende de forma manual.
No tiene opción remota para la tapa de gasolina. Hay que bajarse y abrirla con la llave.
Cada vez que se desactivan los seguros desde el exterior, se encienden los faros, un sistema que se denomina Follow Me en los Fiat/Alfa Romeo.
Manejar el iPod desde el Blue & Me es algo complicado y hay funciones que no pueden realizarse, como buscar carpetas o canciones independientes. En nuestra unidad en Bogotá no leía algunas canciones y tendía a reproducir dos veces seguidas otras.
En esta versión Distinctive, no hay sensores de lluvia ni de luz.
Los botones del volante son compartidos con el Fiat 500.
El timón podría ser más suave al tacto. En la columna de la dirección podrían haber empleado menos símil cuero para cubrir la zona superior.
El odómetro digital simulaba ser uno análogo, pues los números giran como si se tratase de un indicador de antaño. Encantador.
Al circular a altas velocidades, se hacía presente un ruido eólico bastante particular en el marco de la ventanilla delantera izquierda.
El cuadro de instrumentos está en italiano (Acqua, Giri x mil, Benzina). La identidad de Alfa Romeo se nota en esos mínimos detalles.
El nombre MiTo obedece a las ciudades en donde fue concebido: Milan y Turín (Torino).
Llantas: Michelin Pilot Exalto (unidad Medellín), Pirelli PZero Nero (unidad Bogotá) 215/45 R17
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