Quisimos celebrar nuestras 50 pruebas publicadas con algo especial, con una máquina que nos regresara al instinto básico del entusiasta del automóvil.
Texto y fotos: Manuel Fernández.Para la ocasión, no encontramos a mano una mejor receta para la conducción entretenida que un coupé de cuatro asientos, tracción posterior, caja manual y 340 caballos, cada uno a cargo de solo 4,39 kilogramos de masa.
Sobre el chasis de este vitaminado compacto está una adaptación de la suspensión del M3, además de modificaciones en las trochas, hasta siete centímetros más extensas que en un 135i, otro miembro de la gama Serie 1 caracterizado por su rapidez. La anchura es solo un milímetro inferior a la del M3 y la altura cuatro milímetros menor, musculosas proporciones si miramos que es solo dos centímetros más largo que otros Serie 1 Coupé. Componentes como el diferencial y los enormes discos ventilados (360 milímetros de diámetro adelante, 350 atrás) son otras herencias del M3.
Los rines de 19 pulgadas no son lo único que delata las briosas intenciones de esta pequeña bestia. La ya no tan discreta estampa muestra unos pasos de rueda sobredimensionados y un conjunto de parachoques con optimizaciones aerodinámicas, gracias a dos sutiles tomas delanteras que alejan las turbulencias de las llantas y unos retrovisores vistosos, silenciosos pero que no sacrifican en ningún momento la buena visibilidad. Cuatro salidas de escape reclaman respeto.

A lo que es
En su momento escribimos sobre la cabina de esta generación del Serie 1 cuando, en una de nuestras primeras pruebas de 2010, contamos la experiencia dentro del anterior 120d.
La historia no cambia mucho y son las pocas adiciones las que hacen una verdadera diferencia. Remates en la agarradera de las puertas o la línea decorativa del tablero están cubiertos en alcántara junto a la visera sobre el cuadro de relojes o el tejido alrededor de la palanca de cambios, todos con una costura naranja que contrasta también en los asientos y brillan en un ambiente predominantemente negro.
Si de equipamiento se trata, hay una dosis de sofisticación con el iDrive, controlable a través de un intuitivo mando que deja en el pasado los primeros experimentos de esta interfaz hace una década. Se prescinde de movimientos adicionales e innecesarios al intervenir sobre la climatización o la radio.
Las sillas de adelante, pese a lo simple de su aspecto, están preparadas para adaptarse a distintas contexturas con un cojín extensible manual y regulaciones eléctricas para todas las funciones (en la versión probada), que incluyen el inflado de los soportes laterales del respaldo y el apoyo lumbar. La sujeción está a la altura de las prestaciones y la postura en general no tiene reproches al permitir una cercanía del volante adecuada pero con el lugar suficiente para no llevar las piernas muy recogidas.
En la banca posterior dos ocupantes pueden viajar con más comodidad de la esperada, con buena distancia longitudinal si se tiene en cuenta el tamaño del auto y una altura al techo mejor que en otros Serie 1 (incluyendo a nuestro juicio el F20 hatchback).
Tratándose de una máquina de capricho, no es de extrañar que no es el más práctico a la hora de desocuparse los bolsillos. En la consola central se halla un pequeño cenicero y el reposabrazos da acceso a un mínimo hueco con tapa y una suerte de cartera para depositar un celular, que oculta un portavasos y una hendidura que parece más decorativa por su forma.
Ayudan los más grandes portaobjetos de las puertas, otro a la derecha de la perilla de las luces o los revisteros útiles para quienes vayan atrás, que en vez de un quinto asiento tienen a mano una pequeña bandeja. La guantera, en efecto, solo sirve para unos guantes y para el manual. Está iluminada y cubierta en un material aterciopelado.
Replicando las impresiones del 120d, solo deslucen unos parasoles forrados en un plástico económico y con los tornillos que los sujetan a la vista.

Misil tierra… tierra
El BMW Serie 1 M Coupé es el automóvil más rápido que hemos probado a la fecha en Automóviles Colombia. Es una afirmación que hacemos sin incluir las esporádicas vueltas en circuito en criaturas mucho más potentes y costosas, que, como tal, no son pruebas.
De no ser por la electrónica, no cualquier conductor podría llevarlo con seguridad. Los dos turbocargadores que alimentan al seis en línea de tres litros dan un margen de respuesta amplio y progresivo, que no eliminan su contundencia y la facilidad de que las ruedas traseras pierdan agarre.
Para empezar, el torque es mayor al del M3 por mínimo 5,1 kg-m y para colmo está disponible a un régimen menor (1.500 en lugar de 3.900 rpm). Al accionar a fondo el pedal derecho, el torque pasará momentáneamente de 45,88 a 50,98 kg-m, cortesía del “overboost” de la sobrealimentación al exigir el M Coupé.
Desde esas 1.500 vueltas, no es una tarea difícil mantener velocidades constantes de autopista en sexta marcha o recuperar el ritmo sin tener que bajar a quinta o a cuarta. En ciudad se pueden hacer los cambios a 2.500 giros y aún así moverse más rápido que el promedio, mientras que desde 3.000 la melodía aguda con un fondo ronco y el muy mermado soplo de los turbos nos sirve como antesala a una aceleración de misil. Al efectuar adelantamientos muchas veces no se requiere superar las 4.500 revoluciones: para entonces tal vez iremos demasiado rápido y el mismo sonido del motor, ayudado por la imagen entre tierna e intimidante de este bebé hormonado acercándose, hará que incluso otros le abran paso. Si a ralentí llama la atención su música, lo hace más yendo rápido.
Esa misma cualidad pide prudencia y experiencia dada la facilidad de violar los límites de velocidad establecidos. Un sobrepaso entre tercera y cuarta puede significar más de 170 km/h en pocos segundos y casi sin voluntad en carreteras en las que normalmente no se circula a más de 100.
El brillante funcionamiento de la planta motriz está asistido por una relación de caja corta. Con tanto torque y potencia, puede aguantar desarrollos más largos, pero las caídas entre primera y segunda si mucho llegan a las 2.000 revoluciones y de ahí a tercera pierde poco más de 1.000.
La acción de la transmisión manual es una delicia por su tacto metálico y no tan rígido, de recorridos cortos que implican solo movimientos de muñeca (a modo personal, jamás había reducido de sexta a tercera con tanta naturalidad y facilidad) y por un embrague que, contrario a la moda reciente en muchos carros en general y de este perfil más deportivo, actúa sin tener que levantar demasiado el pie. Acopla del todo al soltarlo un poco más.
Tan bien logrado conjunto requiere una puesta a punto a la altura. Hay suspensiones duras, muy duras y hasta rígidas. Después sigue la de este 1M.
En el área urbana, uno descubre irregularidades que no se sabía que existían, la corta amortiguación hace una labor de “escaneo” detallado de toda la superficie. Así, este ambiente no es el natural de este deportivo, que en autopista es tolerable y en vías de abundantes curvas informa sobre todo lo que pisamos, a lo que ayuda su impecable dirección y el perfecto grosor del timón, que convierte el abordaje de giros cerrados en una operación poco dramática, casi telepática al apuntar hacia donde queramos ir y sin restar refinamiento. Con unas 2,5 vueltas entre topes, su rapidez es normal para un auto de este tipo.
Esa extrema dureza elimina también el balanceo en cambios de dirección pero nos exige un asfalto en buen estado, ese que no está en muchos de los caminos colombianos. Por ese motivo, los desniveles pueden sacar al M Coupé de trayectoria con facilidad o exigir el control de tracción en aceleraciones en línea recta. Los baches que por lo general nos hacen frenar pero no al punto de reducir demasiado nuestro ritmo, es mejor pasarlos casi detenidos aquí, de lo contrario, la carrocería reaccionará con bruscas y hasta desagradables sacudidas. Por esta característica, no es el mejor aliado para el día a día.
En donde no estaremos fuera de contexto es en montaña. Escala en tercera o cuarta sin esfuerzos y para más adrenalina las reducciones a segunda en horquillas, al mejor estilo de un rally europeo, son una descarga de sentimientos cuando casi sin titubear, el eje trasero se pierde y el control de estabilidad bloquea al instante su derrape, antes de que por instinto se trate de corregir con las solas manos. Con todo y unos rodillos de llantas con un ancho de 265 milímetros por lado, es imperativa una graduación sensible del acelerador al salir de la curva para prevenir una cola suelta que no aplica la fuerza del propulsor con tanta eficiencia, fenómeno que podría marcarse más de presionar el botón “M” en el volante, que vuelve más inmediata la acción del pedal. El papel del diferencial de deslizamiento limitado sería el de democratizar el caucho quemado en ambos lados y no solo en el que esté menos apoyado.
Ni quisimos ni se nos permitió apagar el comentado control de estabilidad (DSC), ni siquiera de manera parcial (en la que interviene tarde para aumentar la diversión de los más experimentados), en parte porque nuestro ascenso montañoso no tenía mucho margen de error ante una muy posible pérdida de control.
Por lo menos en nuestro recorrido, nunca sufrimos por falta de capacidad o exceso de temperatura de los frenos y siempre tuvimos un control preciso con un pedal típico de BMW, casi inmediato en su gestión.

Para puristas
Como conclusión, terminamos viendo al Serie 1 M Coupé como una evolución del concepto del MINI John Cooper Works dentro del grupo BMW. Es un juguete para quien ya posea otros medios de transporte más adaptados a la rutina de huecos y trancones. La diferencia está en que las sensaciones son más, la exigencia al piloto es mayor y, como un bien agregado, la pérdida de practicidad no es drástica al contar con un baúl utilizable y cuatro plazas amplias.
Al final, sorprende cómo la tecnología ha permitido que un bólido de 340 caballos sea capaz de hacer 38 kilómetros por galón si no se le exige. No importa desde el punto de vista económico para quien adquiera el 1M, pero es un favor que no sobra para el medio ambiente. En nuestro caso, el promedio final después de una inolvidable mañana de emociones fuertes y poco menos de 140 kilómetros fue de 28,3.
Nota: La publicación de esta prueba es también un gesto de agradecimiento con una de las marcas que más ha creído en nosotros como medio de comunicación y que nos ha brindado uno de los mayores apoyos editoriales.
El retrovisor derecho se acomoda al dar marcha atrás y nos deja ver el andén con mucha más facilidad. Perfecto para evitar daños en los delicados rines. Además, ambas lunas externas se oscurecen, privilegio que por lo general solo le corresponde al espejo interno.
No tiene ningún medidor de consumo instantáneo, ni analógico ni digital, ¿A quién le importa?. Sí que ofrece un testigo que recomienda la marcha ideal para circular ecológicamente… siempre y cuando el pedal derecho no se lleve muy presionado.
Más allá del placer, se valora la exactitud de cada comando y la rapidez para hacer cualquier acción cuando por las inmensas prestaciones todo sucede a más velocidad y no hay lugar a la desconcentración por culpa de una palanca “mañosa” o un freno impredecible.
El sonido de los parlantes está firmado por harman/kardon.
La palanca del control de crucero es algo complicada. Mejor la de los BMW de concepción más reciente, instalada en el timón y no en la columna.
Extrañamos un dispositivo que acerque los cinturones delanteros, al estilo de los Serie 3 Coupé. Hace falta estirarse bastante para alcanzarlos.
Para acceder a los asientos traseros, se pliega el respaldo de la silla de adelante con una palanca y la banqueta se corre con un mando eléctrico.
El diseño del parachoques frontal suprime las exploradoras.
Una vez más, nos quejamos de la reversa en el grupo BMW. Al solo ser necesario vencer una resistencia hacia la izquierda, es muy fácil engranarla por equivocación cuando en realidad queremos poner primera.
Llantas: Michelin Pilot Sport 235/35 R19 (adelante) y 265/35 R19 (atrás).
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