El Palio, ahora con un nuevo motor, recibe una necesaria mejora en términos de eficiencia. Probamos el Adventure Locker, tope de gama de este reconocido subcompacto.
Texto: Manuel Fernández, Juan Moreno. Fotos: Manuel FernándezLa familia Palio es casi un símbolo en Latinoamérica, no solo por un amplio portafolio que incluye un hatchback, un sedán (Siena), un station wagon (Weekend) o una pick-up (Strada), sino porque es la viva representación de la capacidad de un país como Brasil a la hora de concebir vehículos adaptados a su mercado y al del resto de la región.
El Adventure Locker que nos ocupa pertenece a una generación que gradualmente está siendo reemplazada, pues del siguiente Palio apenas se ha presentado el hatchback (a la fecha de la publicación de este artículo).
La verdadera novedad entonces habita bajo el capó. El anterior cuatro cilindros de 1,8 litros de origen General Motors fue sustituido por un más eficiente 1,6 que, así pierda algo de torque, gana en potencia final y, sobretodo, en cifras de consumo. La transmisión, por su parte, sigue siendo una mecánica de cinco velocidades que se conecta a las ruedas delanteras.

El peso de los años
El habitáculo no es el aspecto más destacable en el Palio y es ahí en donde más se nota lo que ha pasado desde la aparición de este automóvil, evolución profunda de su predecesor visto en 2004, que a su vez derivó de otra actualización del Palio lanzada en 2001 y que se basa del modelo original de 1996. Solo hasta nuestros días está siendo concebida una renovación total de este proyecto, pensado desde sus cimientos como una iniciativa global y que ha dado grandes réditos en Latinoamérica.
Los materiales en la cabina le apuestan a lo sencillo, no hay ninguna textura que resalte ni ningún plástico vistoso. En ese sentido, el Palio Adventure está cerca de modelos del segmento B de una tipología similar como el Renault Stepway o el Volkswagen Crossfox y por debajo de un Citroën Aircross, estos dos últimos también de confección brasilera.
Ciertas uniones entre piezas y bordes podrían estar mejor logradas, junto al tacto de algunos de los botones, que no se sienten del todo sólidos ni son muy agradables de operar, refiriéndonos especialmente a los de las luces de parqueo y los dos juegos de exploradoras. Más de un tornillo a la vista en los remates no ayuda a la impresión inicial al abordar el Palio.
Hay detalles incluso curiosos por su austeridad, como unos paneles de las puertas más delgados de lo que se acostumbra en la actualidad, forrados en una suerte de cuerina en la zona superior y tapizados en su totalidad, con la excepción del reposabrazos.
En las dos unidades conducidas en Bogotá y Medellín, a pesar de un uso que no superaba los 3.000 kilómetros en total, había una cantidad considerable de ruidos parásitos. Desconocemos si era una condición por mal trato o si es un fenómeno generalizado.
La simpleza continúa en la posición de manejo con un asiento de altura fija. El volante, sin regulación en alcance, bascula en un margen reducido pero suficiente para adaptarse a distintas posturas y además está un poco inclinado. Con las piernas bien ubicadas, el aro puede quedar lejos para algunos.
Su habitabilidad está bien lograda en altura, pero a lo largo el aprovechamiento no destaca. No sobrarán muchos centímetros para quienes viajen atrás, aún cuando vayan a bordo personas de estatura promedio (de unos 1,75 metros).
Los delgados respaldos de la primera fila ayudan a que las piernas no queden tan presionadas. Son bastante blandos, aunque no fatigan con rapidez.
Sacan la cara una enorme guantera iluminada, la agradable tapicería específica de esta versión, con los anagramas que identifican la gama Adventure y le dan un toque desenfadado, el resistente cubre-equipaje, los dos plafones de luz en el techo, las tres líneas antideslizantes en el espacio de carga (con cuatro ganchos metálicos de sujeción) o el sólido cierre de las puertas (no tanto la apertura). La buena cantidad de huecos para descargarse los bolsillos es otra característica que hace más llevadero el día a día

Avance E-TorQ
Después de algunos kilómetros por carretera quedó claro que lo mejor de este Palio Adventure es el propulsor, brillante pieza que seguirá vigente por muchos años en varios miembros de la actual gama Fiat proveniente de Brasil, como el monovolumen Idea o el más sofisticado Punto.
Es elástico y progresivo como pocos al permitir circular sin vibraciones en cambios altos en ciudad aún a regímenes por debajo de las 2.000 rpm (siempre y cuando no se presione el acelerador más de la cuenta en estas condiciones). Su capacidad de recuperación en caminos sinuosos se da desde unas 3.000 vueltas para después entregar lo mejor desde las 3.500 hasta un suave corte a 6.500 giros.
Con todo y unas relaciones que no son las más cortas dada su potencia y torque teóricos (pierde 2.000 rpm de primera a segunda), es capaz de subir en tercera y con mucha solvencia ascensos que por lo general requieren engranar la segunda en otros autos de características similares, afirmación que hacemos con seguridad pues son las mismas vías de referencia que hemos usado con docenas de automóviles y camionetas en nuestras pruebas de Bogotá y Medellín. El buen aislamiento acústico y de vibraciones ayudan al ya favorable veredicto.
En otros rubros no hay variaciones con respecto a otros Palio y eso involucra un selector que si bien es un poco esponjoso no peca de impreciso y junto a un embrague de correcto reglaje, permite que el cambio se haga con rapidez.
La peculiar dirección tiene un centrado no muy claro y no es la más directa pese a que hay menos de tres vueltas entre topes. Es uno de los elementos que ubican al Adventure como un carro ideal para ser manejado en un contexto familiar y no tan emocional, conclusión que queda más clara gracias a una suspensión blanda, de movimientos amplios, que no invita a ir rápido en asfalto pero, todo sea dicho, divierte al acelerar en destapados leves al tragarse con propiedad desniveles e irregularidades impropios para un station wagon tradicional.
La configuración de este Palio es una mezcla muy conseguida entre auto y camioneta, que cobra mucho sentido con la infraestructura tan “especial” que tenemos a este lado del mundo.
Y es ahí encontramos la faceta divertida del Palio Adventure, complementada por el sistema Locker opcional que llevaba nuestra unidad, un bloqueo electrónico de diferencial que en caso de enfrentar superficies deslizantes, impide que la fuerza se escape por la rueda con menos tracción y las obliga a girar de manera solidaria, motivo por el cual este dispositivo, de encendido manual, trabaja hasta un máximo de 20 km/h –momento en que se activa una alarma– al dificultar los giros (se sabe por el endurecimiento del volante), lo cual es lógico pues por naturaleza la llanta interna tendrá a rodar más rápido que la externa.
Al igual que en uno de sus competidores (la alternativa directa en Fiat es el Idea Adventure), el Citroën Aircross que ya evaluamos también, subvira con más facilidad de la usual si se apura el ritmo en vías de montaña. Ambos vehículos, vale la pena aclarar, llevaban llantas de la misma referencia (ver “bloc de notas”). El andar en autopista a velocidades crucero de 100-120 km/h no es su fuerte por la presencia de ruidos eólicos y la vulnerabilidad a las corrientes laterales.
Cierran este análisis unos frenos competentes, conectados a un pedal que regula bien las detenciones y que aísla más de lo esperado las pulsaciones del ABS. Notamos que en maniobras de emergencia tiende a ponerse más rígido de lo normal después del recorrido inicial. Los movimientos de la carrocería bajo estas circunstancias se mantuvieron dentro de lo normal.

Orgullo regional
Es innegable que los años ya se notan en el Palio, pero un moderno propulsor, soluciones ingeniosas como el Locker para destacarse del crossover común o una suspensión adaptada a nuestros atrasados caminos hacen su labor para compensar un interior que por calidad y espacio ya está en otra época.
Sumado a los mencionados halagos del estrenado E-TorQ, cabe exponer lo poco sediento que demostró ser en los casi 400 kilómetros completados entre las pruebas hechas en Medellín y Bogotá, con un promedio conjunto de 47,1 kilómetros por cada galón de gasolina, un valor que excede favorablemente los registros de otros competidores directos.
El Adventure probado en Medellín era de una serie especial llamada "Extreme", dotada con cuatro exploradoras de techo, winche con capacidad de remolque para 2.000 libras, GPS Garmin Nuvi y tiro de arrastre para remolque. Esta dotación tiene un sobre-costo de unos cinco millones de pesos.
Como en muchos Fiat de este origen desde hace mucho, las manijas sirven a su vez como pestillo para indicar si el seguro está puesto (basta con empujarlas).
Los apoyacabezas delanteros no tienen mucho desplazamiento, contrario a los posteriores.
La tapa que cubre el gato a la izquierda del baúl no luce del todo enrasada con la alfombra. A la izquierda sobresale una cuerda roja que sirve como apertura de emergencia de la tapa de acceso al tanque de combustible en caso de que se dañe la guaya.
Los cuatro vidrios eléctricos son “one-touch” y el airbag del pasajero se puede desconectar con la llave. Dos gratas sorpresas en un carro de esta gama.
Los mandos de los espejos eléctricos no son los más elaborados.
Los parlantes de atrás están demasiado expuestos a nuestro parecer.
A falta de tener una medición precisa, el velocímetro parece muy optimista. Los indicadores de las direccionales son minúsculos y el contraste de los testigos de color verde con el fondo blanco pide atención.
El baúl solo se puede abrir desde adentro o con la llave. No sobraría una apertura independiente del vidrio al depositar objetos pequeños.
Las exploradoras superiores trabajan con las luces altas y solo encienden cuando éstas últimas se conectan. Una de las unidades bajas en el Palio conducido en Bogotá tenía una filtración de agua.
El E-TorQ tiene la particularidad de tener cuatro válvulas por cilindro con árbol de levas simple, característica vista si acaso en los V6 de Honda o el desaparecido Chevrolet Swift 1,6.
Sobre la cabeza del conductor, en el lugar donde iría la manija de agarre, hay un porta-gafas (que olvidamos fotografiar).
Al enjuagar el parabrisas, hace falta encender las plumillas de forma manual debido a que los chorros no las activan automáticamente.
Llantas: Pirelli Scorpion ATR 205/65 R15
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