Prueba: Kia Rio Spice

El Rio por fin es un automóvil a la altura de sus competidores. Eficiencia y refinamiento, sus cartas de presentación.

Texto y fotos: Manuel Fernández.

Poniéndose al día

Nuestra calificación de este vehículo

3.5

Ficha Técnica

Un ciclo de evolución y revolución de Kia se cierra con su propuesta en el segmento B, el más disputado y vendido del mercado colombiano y con el que los surcoreanos estaban en deuda desde hace años, pues la anterior generación de este subcompacto (Xcite) ya se veía en clara desventaja ante alternativas más recientes como el Mazda2, el Škoda Fabia o incluso el espartano –pero funcional– Renault Sandero.

Con un aspecto externo e interno que sigue la línea de productos como la Sportage Revolution, el Cerato y el Picanto, una plataforma mecánica renovada y un equipamiento más completo, el Rio, ahora con el apellido Spice, promete ser otro éxito de un fabricante que ha visto crecer sus ventas no solo en Colombia, sino en el mundo.

Salvado por los detalles

El habitáculo del Rio pasaría por corriente de no ser por el buen diseño de muchos de sus componentes. Sus acabados están más cerca del Picanto que del Cerato y eso se evidencia en la ausencia total de plásticos mullidos y en el empleo de un material de la misma textura y tonalidad en la mayoría de partes visibles. El cierre de las puertas puede ser más sólido.

La potencial monotonía se compensa, por un lado, con el usual despliegue de apliques color plata mate y de apariencia metálica en las manijas, la radio o la climatización, junto a los típicos falsos cromados en las salidas de aire y en la botonera, sin mencionar el agradable remate “negro piano” detrás de las perillas para la gestión del aire acondicionado.

Por otro, la sensación inicial mejora al notar pequeños detalles delatores de un vehículo hecho con esmero, como una guantera de apertura ralentizada, iluminada y refrigerada, parasoles con espejos de tapa y un ingenioso bombillo de encendido manual que siempre se mantendrá apagado debido al diseño de su botón (por simple presión al dejar de usar el parasol), los relieves en la tapicería o la zona destinada a la conexión de dispositivos de música con una ranura justo del ancho de un teléfono móvil actual.

Un arrebato de creatividad en las “palancas” para graduar los modos del aire acondicionado agrada por la acción inusual al empujar hacia abajo los mandos, pero las luces naranja que indican si una función está activada o no rara vez se ven bien bajo el sol.

El uso de relieves también está en los paneles de las puertas, sin tapizado pero con el área del reposa-brazos demarcada con claridad. Tiene mérito que una cabina casi monocromática luzca entretenida.

La cantidad de espacios de almacenamiento es otro fuerte en el Rio Spice. Hay más portavasos que plazas (seis), la mencionada guantera es profunda así como los bolsillos de las puertas delanteras, la consola central está muy bien pensada (aunque no hay nada para cubrir lo que ahí se deposite) y algunos lugares tienen un fondo antideslizante, sea de tela o de caucho, como el pequeño cuadrado a la derecha de la radio o el cajón detrás del freno de mano. Los dos respaldos de la primera fila tienen revisteros.

El baúl ofrece una forma regular y aprovechable y dos cajones a lado y lado (con malla a la izquierda). La alfombra es delgada y el gancho para colgar bolsas livianas a la derecha (junto al plástico del que se desprende) no es el más grueso, aunque eso es pecado de gran parte de sus equivalentes.

Su posición de manejo, como en otros Kia, adolece la falta de regulación en profundidad del timón. La visibilidad en general está dentro de lo usual para los estándares de un auto moderno y solo destacamos los retrovisores de gran tamaño, invaluable ayuda para facilitar maniobras de parqueo y brindar tranquilidad en el tránsito urbano.

El espacio interior resalta atrás, con buena altura hacia el techo. En ese sentido (y a falta de tener medidas), diríamos que es preferible a un Ford Fiesta o a un SEAT Ibiza, es muy similar al Škoda Fabia pero no llega al nivel del Renault Sandero (el Kia equilibra la balanza con una ergonomía mejor resuelta). La sensación de amplitud para los más pequeños podría perderse dada la alta línea de cintura.

Mejora continua

En el rubro mecánico llamó la atención la decisión de Kia por comercializar en un principio un propulsor 1,4 y no un 1,6, lo que si ocurre en su familiar cercano, el Hyundai i25.

La justificación fue muy sencilla: el nuevo 1,4 entrega la potencia de otros 1,6 (salvo algunas excepciones). Adicionalmente, la planta motriz está unida a la única transmisión manual de seis marchas del segmento.

Ya en la práctica, el Spice brilló más por refinamiento y no tanto por prestaciones. En ciudad, es elástico si se desea transitar sin afanes, el arranque es ágil pero si pretendemos lograr una aceleración decente es imprescindible subirlo de vueltas sin miedo y no dejarlo bajar de los 3.000 giros en rutas de montaña.

Gana velocidad con más constancia que contundencia y muestra una vocación tranquila, si se tiene en cuenta lo bien trabajada que está la insonorización (los ruidos eólicos son los más perceptibles) y el excelente aislamiento de las vibraciones, aún cuando se llega al suave corte de inyección a unas 6.500 rpm.

Un motivo para ese fenómeno puede ser una sexta planteada más como un desahogo del motor y no como una oportunidad para acortar los desarrollos (a 120 km/h gira a 3.500 vueltas y es capaz de hacer más de 60 kilómetros por galón), por lo cual la caída de primera a segunda y de segunda a tercera está dentro de los parámetros normales de una caja de cinco en un carro similar.

Kia favorece el consumo y la racionalidad sobre la emoción y esa intención es casi obvia cuando vemos en el cuadro de relojes la cada vez más usual flecha que nos aconseja subir de cambio al llegar a las 2.500 revoluciones, recomendación que desaparece si presionamos más el acelerador, como si interpretara que en ese momento la prioridad no es la de economizar.

Los más exigentes apreciarán un selector y un embrague suaves y precisos. La palanca responde con unos recorridos cortos y claros e invita a operarla con rapidez. Si bien no tiene la retroalimentación de un SEAT Ibiza o un Mazda2 (recuerda más a un Fabia), está entre las más agradables de su gama.

Por su parte, la dirección eléctrica nos pareció lo mejor del conjunto por su rapidez (menos de tres vueltas entre topes) y asistencia ideal en cada situación. No es demasiado blanda al ir más rápido, pero tampoco es la que más informa sobre el estado del camino. Nos agradó tanto como unos frenos de muy buen tacto a través del pedal y acordes a las capacidades del Rio.

La declaración definitiva de la apuesta no tan entusiasta de este Kia está en el reglaje de la suspensión y su comportamiento bajo exigencia. El andar suele ser un poco saltarín a velocidades reducidas pero la suavidad general se incrementa al aumentar el ritmo. Ya en nuestras diversas carreteras plagadas de curvas e irregularidades, el control de las inercias es competente pero al forzar la trayectoria de un momento a otro cede la amortiguación con un claro balanceo y la zaga no se siente tan bien apoyada al piso. 

Después de cubrir 183 kilómetros en su gran mayoría por vías de doble sentido, autopista y por ciudad con una muy baja densidad de tráfico, el consumo promedio obtenido fue de 58,8 kilómetros por galón.

Justo a tiempo

El Rio Spice, sin representar ninguna revolución en su categoría, tiene el potencial de hacerse con un gran trozo del pastel del segmento B gracias a una suma de virtudes orientadas hacia un comprador racional, como un espacio interior abundante e inteligentemente aprovechado, un manejo fácil y agradable por la suavidad y calidad de funcionamiento general y un habitáculo acogedor.

La dotación de accesorios está dentro de lo normal y cabe mencionar la práctica conexión Bluetooth de serie con control de mandos en el volante.

Al final, recomendamos las versiones con dos bolsas de aire y frenos antibloqueo (ABS), pues las más asequibles carecen de estos indispensables elementos de seguridad. Los airbags laterales, de cortina o el control de estabilidad no estaban disponibles al momento de escribir esta nota.

Bloc de notas

El computador a bordo se maneja desde el timón, idea tomada del Optima y que no está ni en el mismísimo Cadenza.

Como buen Kia, no hay bloqueo central automático.
 
El botón de las luces de parqueo no siempre funciona al presionarlo. Cuestión de costumbre.
 
Como en muchos carros modernos, falta un termómetro de agua.
 
En algunos baches o resaltos, así como en reductores que generen cierta frecuencia al vibrar, nuestra unidad emitía más crujidos de lo esperado. Provenían del tablero.
 
Esperamos que en un futuro la caja automática opcional de cuatro velocidades sea sustituida por la competitiva unidad de seis del Cerato.
 
La unidad probada no tenía protector de cárter.
 
No estaría de más un quinto cinturón de tres puntos.
 
Llantas: Kumho Solus KH17 185/65 R15