MINI presenta en Colombia uno de sus modelos más radicales, apto solo para satisfacer caprichos al volante. El Cooper S Roadster, más que un medio de locomoción, es un pasaporte a la alegría por su configuración y prestaciones.
Texto: Juan Moreno. Fotos: Julián MuñozCuando uno piensa que en MINI están contentos con el portafolio que llevan y que uno mismo creería que ya está completo, de cuando en cuando sorprenden dando el pistoletazo de salida a productos cada vez más de nicho. Prueba de este postulado es el protagonista de estas líneas, concebido como un vehículo de uso personal y con fines recreativos, tal y como lo fueron sus antepasados ingleses de mediados del siglo anterior. Por eso carga el evocador apelativo Roadster, que se traduce en un convertible de dos puestos con techo de lona plegable manualmente. A la vieja usanza.
Este MINI, como sus hermanos de fábrica, se comercializa con tres motores: 1,6 aspirado con 122 caballos (Cooper), 1,6 turbo de 184 (Cooper S) y 1,6 turbo de 211 unidades (JCW). Nos ocupa el S con la caja automática de seis velocidades y tres modos de manejo que explicaremos más adelante.

Exudando deportividad
Exteriormente, el Roadster se diferencia del Cabrio (el otro convertible de la familia) porque su carpa hace de techo de los dos asientos y el lugar que ocuparían las plazas traseras es utilizado para plegarla de forma manual, lo cual indica entonces que tiene un mayor espacio en el maletero que un MINI de tres puertas, un Clubman o el mismo Cabrio. El Roadster tiene 240 litros de capacidad, mientras su hermano de techo duro (Coupé) anuncia 280, el hatchback cerrado, el Clubman y el Cabrio se quedan en 160.
El Roadster y el Coupé tienen tres volúmenes, pues el baúl es independiente de la cabina aunque estén conectados por una compuerta de 36 x 20 centímetros, que habilita el paso de objetos voluminosos, como una tabla de esquí. El área de carga ofrece dos compartimientos para guardar herramientas, está bien rematado e incluye una serie de ganchos de sujeción y un toma auxiliar de 12 voltios.
En el interior, resalta el panel central circular del velocímetro (difícil de observar en marcha para el conductor) al encontrar una pantalla similar al sistema i-Drive de BMW, operable con una perilla en la consola de piso. Esta interfaz controla parámetros del comportamiento mecánico, mide consumos y distancias, maneja la conexión Bluetooth y todos los ajustes del audio. La telefonía y la radio también pueden gestionarse remotamente con mandos en el volante.
Precisamente sobre el volante forrado en cuero, hay una circunferencia más pequeña que cuenta las revoluciones y tiene una pantalla con otro velocímetro (digital), un indicador del cambio de marchas (cuando vamos en modo manual) y un testigo para saber cuando está conectado el sensor de lluvia.
En la consola central, debajo de la inmensa circunferencia tipo balanza, se ubican los botones de la climatización, otros de la radio, los vidrios y seguros eléctricos. La guantera, iluminada, tiene una chapa aparte con llave, muy útil en caso de estacionarse con la capota plegada.
Los materiales que recubren las puertas son muy aparentes pese a tener plásticos duros y texturas semiblandas. Incluso, hay una imitación metálica cruzando el panel delantero que fácilmente engaña a quienes no tengan un ojo muy entrenado. En las puertas hay diversos recubrimientos en tela que dan buena sensación, muy robusta y que presume una larga duración.
En la parte superior del parabrisas, que es más inclinado de lo normal, hay un par de pequeñas luces que cambian de color a voluntad. Están en todos los MINI y presumen en la noche un ambiente con múltiples posibilidades de iluminación en parte de la cabina, manijas de las puertas y apoyabrazos laterales, algo que en sí es inútil, pero seduce con un toque chic que tiene sus admiradores.
Los asientos, en cuero, abrazan muy bien el cuerpo pero no son para contexturas voluminosas al quedar muy justos a lo ancho, son cómodos en espalda y cabeza y son ajustables en altura, tanto, que uno puede quedar con la vista a ras con el marco superior del parabrisas. Las regulaciones son manuales y no es nada difícil encontrar una postura adecuada. Pese a ser un biplaza, la cabina es amplia y permite libertad de movimientos a sus ocupantes
La capota puede plegarse y replegarse sin necesidad de bajarse, incluso, esta operación puede hacerse en movimiento tomando las debidas precauciones. Aún con las sillas completamente tiradas hacia atrás queda un espacio suficiente para acomodar morrales o bolsos pequeños detrás.
El espejo interno no es muy amplio en su visual, sobre todo con el techo puesto, pero es suficiente si se ayuda uno con los retrovisores laterales.
Para guardar el techo, basta girar una agarradera interna que la desacopla del parabrisas y acto seguido empujarla hacia atrás con fuerza para que quede asegurada en su estuche. Eso es todo. Está sostenida por un mecanismo muy rudimentario de varillas y anclajes, que quedan a la vista de los ocupantes, lo cual ahorra unos 20 kilos con respecto al techo eléctrico del Cabrio (opcional en el Roadster). Para desasegurarla, basta con oprimir un seguro tras los asientos, empujar hacia arriba, tomarla la lona por la agarradera y una vez haga contacto con el parabrisas, girarla en sentido contrario hasta que quede fija y segura. Realmente fácil.

El sol brilla para dos
El botón Start/Stop con el que cobra vida este MINI es como una pastilla de esas prohibidas que dan risa y hacen sentir que los problemas no existen. Un suave ronroneo ya nos avisa que lo que viene no es una prueba común.
Con un leve toque del acelerador, el Roadster se desliza suavemente por el asfalto, como si fuera cualquier subcompacto urbano. Gracias a la caja automática, el rodaje en bajas no es complicado y aun no se sienten los efectos de estar abordo de esta pequeña fiera.
Pero, ¿Quién se resiste a llevarlo a ese ritmo y más con el cielo como techo?. Otra presión al pedal de la derecha y el MINI se vuelve maxi con el despertar de su turboalimentador. El empuje es claro y contundente desde las 1.800 rpm y gracias a su favorable relación peso/potencia de 6,95 kg por caballo, este descapotable se convierte en una bala que exige cierto cuidado y firmeza de manos en este proceso, pues acelerarlo, por ejemplo a la salida de una curva en ascenso, produce un patinado que puede facturarnos un buen susto si no controlamos bien la situación.
Al conducirlo en el modo Sport manual, las sensaciones son más radicales, pues las marchas pueden retrasarse hasta más allá de las 5.500 vueltas, aunque debemos decir que el sistema de levas nos pareció extraño al tener ambos controles doble función. Con las dos palancas se puede subir o bajar de velocidad, cuando por lo general se va al siguiente cambio con la derecha y al de atrás con la de la izquierda. Afortunadamente existe la posibilidad de hacer la misma acción desde el selector.
Realizar sobrepasos, afrontar ascensos y cualquier otra maniobra que requiera el uso de la potencia extra no es problema alguno en este MINI. Sale de cualquier circunstancia sin inconvenientes, respondiendo con presteza a las órdenes del acelerador y timón al ser muy comunicativas sus reacciones dada su rapidez al actuar. Incluso, en las naturales carreteras en mal estado que nos rodean, llenas de baches, la dureza de suspensión hace que el Roadster salte como un kart en desniveles y aunque la maniobra suele asustar por la desacomodación de la carrocería, el carro se recupera brillantemente gracias al control de estabilidad. Los frenos están a la altura de las capacidades, sin reproches, eficaces y seguros.
Un toque de espectacularidad lo pone el alerón ubicado en el portón del maletero, el cual se despliega automáticamente cuando se alcanzan velocidades superiores a 80 km/h para, según la marca, brindar un aplomo mayor al suelo aunque yo creo que es más un efecto “pirotécnico”, muy vistoso por cierto, que un real asunto aerodinámico a no ser que alcancemos cruceros de 160 km/h o más, donde sí es necesario el apoyo de 40 kilogramos que ofrece este accesorio
Contrario a lo que pudiera pensarse al conducir este descapotable, no nos resultó especialmente ruidoso. Incluso, viene con un deflector que atenúa el ruido del viento y aunque este sí se introduce con fuerza a la cabina (la despeinada es parte del paseo) no alcanza el nivel de molestia a la que haya que ponerle un comentario negativo. En caso de sentirnos incómodos, conducir con los vidrios arriba ayuda a mitigar la turbulencia
El sonido del cuatro en línea, un ronquido que se traduce en una música bien especial, ayuda a mantener un ambiente racing, que se nota en la dureza de la amortiguación, en consonancia con las ruedas run flat (antipinchazos), que son más rígidas de lo normal. En este sentido, cualquier imperfección del camino se transmite a la cabina, en especial a los riñones de los pasajeros, lo cual afecta naturalmente el confort de marcha... pero ¡Qué importa!, estamos en un roadster auténtico y los roadster auténticos son así. Si nos preocupa este apartado, nuestro protagonista no es el carro al que debemos apuntar.
Con el techo puesto pudimos comprobar, cortesía de un aguacero imprevisto, que la estanqueidad está perfectamente lograda y no notamos rastros de agua al interior del carro.
Las luces, de doble xenón, iluminan perfectamente el camino y no presentaron queja alguna en este apartado.
Luego de recorrer cerca de 250 kilómetros, más que todo en carretera, encontramos que el consumo promedio del Roadster se situó en los 38,9 kilómetros por galón de gasolina Extra.

Herramienta lúdica
El MINI Cooper S Roadster se presenta como un capricho entre los caprichos, pues no es un automóvil de uso diario y menos un vehículo de corte familiar. Es un juguete para divertirse y sacarle provecho a sus prestaciones, que satisfacen a plenitud los objetivos de quienes se pueden permitir un carro de estas características tan especiales.
A la hora de jugar con él, resulta muy práctico en todos los sentidos por tamaño, por sensaciones, por maniobrabilidad y por sus características generales, a las que uno solo les encuentra sentido y les da valor cuando se sube con una dosis asegurada de emociones, al extremo de alcanzar casi un nivel de liberación de hormonas como la oxitocina, aquella que fluye cuando se alcanza un orgasmo.
Al poner el techo se bajan automáticamente los vidrios laterales, esto sucede independientemente de si el auto está encendido o apagado.
En cada puerta hay un par de altavoces, más otros dos en la parte trasera junto a la trampilla de la bodega para un total de seis salidas de audio.
Por más que lo intentamos, no fue posible hacer funcionar un iPod a través del puerto USB, sí lo logramos con el cable auxiliar. Debe ser por una cuestión de programación.
Hay una aplicación especial para los usuarios de iPhone para su manejo específico cuando se está a bordo.
Por tener ruedas run flat, esta unidad no viene con llanta de repuesto ni gato hidráulico, solo tiene las señales reflectivas de alerta y el gancho de arrastre como equipo de carretera puesto desde la fábrica.
El alerón trasero puede desplegarse también a voluntad por debajo de los 80 km/h mediante un mando ubicado en el marco superior del parabrisas.
La unidad probada venía con las franjas decorativas Sport stripes, ubicadas a lo largo de la tapa del motor y la del baúl.
Aunque no le encontramos mayor utilidad dado el tamaño de este auto, están incluidos los sensores de reversa acústicos y visuales.
Los sensores de lluvia hay que activarlos cada vez que se enciende el Roadster, no hay posibilidad de dejarlo fijos.
Existe la opción de incluir un contador del tiempo que se circula descapotado.
Al ir sin acompañante, este asiento tenía un sonido bastante molesto, como si golpeara contra algo metálico.
Llantas: Continental ContiSport Contact 3 SSR 205/45/R17.
© 2011 - AutomovilCol S.A.S., Medellín, Antioquia automovilescolombia.com - Todos los derechos reservados