Después de dedicarnos a probar todo el nicho de los subcompactos Premium en Colombia, nos hacía falta el referente que en primer lugar impulsó esta moda tras su regreso triunfal hace diez años.
Texto y fotos: Manuel Fernández.
El carisma no es lo único que hace especial a un MINI. Si bien el trasfondo histórico detrás de este icónico automóvil puede ser un motivo de compra para muchos, lo es también el desarrollo técnico que complementa a tan atrayente figura.
No es un caso extraño que un espectacular diseño vaya de la mano con un manejo que no está a la altura de lo que la figura promete. Por fortuna, no es un fenómeno que se ha dado en el sub-segmento que nos dedicamos a analizar ahora, que está compuesto por el Alfa Romeo MiTo, el Citroën DS3 y el Audi A1, por solo mencionar las respuestas más contemporáneas al MINI por parte de una experimentada competencia.
Una década atrás, la llegada del primer MINI de nuestra época se vio opacada por problemas de calidad que obligaron a BMW a crear un producto que no solo llenara las expectativas en el corto plazo.
De ahí salió, en 2006, un automóvil que a pesar de no tener una confiabilidad a prueba de balas, le dio la fuerza al fabricante anglo-alemán para hacer crecer la familia gracias a otras virtudes.
Dicho crecimiento derivó en el Clubman, el Cabrio, el más reciente Countryman y el Coupé, ramificaciones del concepto original que aún no terminan de multiplicarse y aprovechan con ingenio una misma plataforma mecánica y diversos componentes de la cabina.
¿Qué tan competente se mantiene el MINI ahora que grupos de la talla de Fiat, Volkswagen o PSA concibieron alternativas pensadas para arrebatarle un obvio liderazgo?

Todo por verse bien
Lo insinuamos al evaluar el Countryman y lo afirmamos ahora: el equipo de diseño le dio más relevancia a un habitáculo agradable a la vista que a la funcionalidad.
Después de muchos años, el gigantesco velocímetro al centro del tablero sigue dividiendo opiniones. La marca admite de forma implícita su inconveniente ubicación al poner otro equivalente digital en un cuadro en la parte baja del tacómetro, dispuesto detrás del volante y que también se encarga de mostrar la información del completo computador a bordo.
La particular ergonomía sigue en la conocida gestión de la climatización a través de un grupo de botones que conforman el escudo de MINI. Requieren costumbre si se quiere cambiar una función en movimiento. Vale la pena resaltar que en modo automático, el ventilador no siempre sopló al ritmo suficiente para compensar el penetrante sol de la tarde.
Los mandos de la radio están mejor resueltos y se valen de paso para manejar la conexión Bluetooth, con una interfaz intuitiva que no exige mucho tiempo para enlazar el teléfono móvil.
Esa es la excepción pues al bajar las manos, nos encontraremos con un grupo de palancas metálicas que reúnen funciones tan diversas como la activación del bloqueo central, las luces antiniebla y los vidrios eléctricos, que en nuestra opinión deberían tener sus controles en las puertas.
No faltan sitios para guardar objetos y se dispone de dos guanteras, un mínimo bolsillo en el reposabrazos de tapa deslizable (que podría aparentar menos fragilidad), un par de portavasos acompañados de un lugar delante de éstos y unos espacios de las puertas suficientes para una billetera o una cartera pequeña.
Los asientos delanteros son excelentes, por la calidad del cuero, la dureza de los cojines, las múltiples regulaciones y el conveniente soporte, que sumados a un timón de amplias regulaciones, dan como resultado una postura que satisface las mayores exigencias. Atrás caben dos y nada más, sin que les quede margen de movimiento hacia ningún lado.
Si los pasajeros sentados en la primera fila miden más de 1,8 metros, creeríamos que el MINI se convertiría en un bi-plaza. Ahí es cuando entra en juego la funcionalidad de más en un Clubman o un Countryman. El baúl es simbólico, pero el potencial dueño de un auto de estos es de esperarse que no pida más y a lo mejor ya cuente con otro medio de transporte más amplio.
Lo mejor del interior en el JCW, en especial por tratarse de una versión muy equipada, es la percepción de calidad. Cada botón transmite una sensación agradable al presionarlo, hay diversas texturas y mullidos y la combinación de colores logra arriesgar sin lucir demasiado extravagante (aunque en eso ya entran los gustos de cada quien).
El contraste, al igual que en el Countryman y en otros MINI, está en el regular remate alrededor del techo panorámico y en un ajuste delicado en general, pues no es difícil que aparezcan vibraciones inesperadas al transitar por nuestra deteriorada malla vial.

A la altura de las expectativas
De entrada vale la pena aclarar que el MINI que tuvimos entre manos no es equivalente a ninguna de las versiones de sus competidores que hemos podido llevar.
El A1 1.4 TFSI S-Tronic, por ejemplo, es una alternativa al Cooper con transmisión automática, mientras que el DS3 THP 150 y el MiTo 1.4 Turbo, por potencia, son equiparables entre sí pero no a ninguna variante del MINI (que salta de los 122 del Cooper a los 184 caballos del Cooper S).
El hecho de que el John Cooper Works sea el MINI más poderoso a la venta implica que haya ciertos sacrificios de cara a obtener una puesta a punto que se podría definir como “deportiva”.
Su amortiguación no da lugar a ningún movimiento parásito de la carrocería, es rígido, al punto de que hasta los “ojos de gato” que separan los carriles de las vías de doble sentido se sienten con claridad en los ocupantes.
Ninguna irregularidad pasará desapercibida y a esa configuración se le añaden unas sonoras llantas de perfil 45 montadas sobre rines de 17 pulgadas que no contribuyen a hacer de la marcha algo más cómodo. Tampoco es la intención.
Transitar por ciudades como Bogotá es de cuidado y el ambiente natural del JCW son las carreteras secundarias y asfaltadas en buen estado. De deteriorarse la vía, el corto recorrido de la suspensión agrava un efecto de tracción irregular que se podría dar al acelerar con fuerza en una superficie que no esté del todo pareja, exigiendo concentración para mantener el control.
Una suspensión de dichas características, más el único chasis con un eje trasero independiente en su segmento, hacen del JCW un auténtico goce al abordar curvas de radio cerrado.
La trasera parece viva por la forma en la que sigue la trayectoria de la trompa y haría falta cometer un error muy grande para generar un subviraje peligroso. El efecto direccional al soltar el pedal del acelerador en pleno giro es más evidente de lo habitual.
Para el manejo de tan ágil conjunto, el JCW cuenta con una dirección referencial por su rapidez y por un equilibrio entre lo comunicativo y lo refinado. Conecta las manos al asfalto pero no al extremo de, por ejemplo, un Mazda MX-5, sino que aísla lo suficiente para que el volante no vibre demasiado.
La dureza adicional que se siente al presionar el botón “Sport” no hace que se pierda esa sensación natural, lo que a nuestro modo de ver si ocurre en, por ejemplo, un Alfa Romeo MiTo. No supera las dos y media vueltas entre topes.
En “Sport” el acelerador se vuelve más sensible, muy adecuado si se quiere disfrutar en carretera. Conviene desactivar dicha función si el objetivo es conducir con suavidad en el área urbana.
Junto a su decidida dureza, otra característica que aleja de manera paradójica a este MINI de la ciudad es su embrague: refinado, preciso, aunque pesado.
Hace falta levantar el pie más de lo esperado para que se acople, pero ayuda a gestionar una transmisión de tacto excelente, con una palanca de cambios inmejorable por la exactitud de sus guiados (que no son los más cortos) y la resistencia que opone en cada parte del recorrido. No será rara la ocasión en que se cambie arbitrariamente solo para disfrutar el elemental hecho de moverla.
Después de pasar por diversos apartados, hemos llegado a lo que para nosotros es lo mejor que ofrece el John Cooper Works: el motor.
El conocido cuatro cilindros de 1,6 litros, hecho por BMW y PSA Peugeot-Citroën, arroja en esta ocasión 211 caballos a 6.000 rpm y un torque máximo de 26,5 kg-m, consecuencia de pequeñas pero relevantes modificaciones internas con respecto a la planta motriz de 184 CV de los Cooper S o la de 156 en el DS3 turbocargado.
Como ya es frecuente, la carga de la sobrealimentación se comienza a sentir a 2.500 revoluciones, régimen en el que ya puede recuperar velocidad en marchas largas con toda tranquilidad. Es capaz de adelantar en quinta o sexta en terrenos sin muchas pendientes sin queja alguna y con una reserva de aceleración casi innecesaria.
Una vez superadas las 3.000 rpm, el sonido del motor se torna más ronco y si la presión sobre el pedal derecho supera cierto límite, el silbido del turbo se deja oír. Si se desacelera de un momento a otro, el marcado petardeo aumenta la enorme carga emocional.
En un punto, el JCW delata que es una pequeña bestia con una relación peso/potencia inferior a los seis kilos por caballo. Al superar las 4.000 revoluciones responde con una contundencia que se percibe en una dirección que se tendrá que apretar con fuerza si se desea conservar la línea recta.
El acusado “torque steer” (tendencia del timón de halar hacia ambos lados en los autos de tracción delantera demasiado potentes) es parte de la experiencia. Una pequeña sonrisa se dibuja cuando este MINI nos sorprende con tan rebelde reacción. Es un carro para manejar, en todo el sentido de la palabra.
Las relaciones de caja que soportan al excelente propulsor lo hacen aún más rápido. Podría aguantar desarrollos más largos, pero una sexta marcha que lo hace girar a 3.000 a 120 km/h constantes nos indica que el JCW es una máquina hecha para dejar atrás a casi todo el parque automotor que lo rodea. En nuestras vías se necesita voluntad y responsabilidad para ir por debajo de los límites legales.
Es obligatorio que los frenos estén a la altura de las capacidades que ya hemos mencionado. Los cuatro discos –ventilados adelante– son más grandes que en cualquier otro MINI y se operan con un pedal directo consecuente con la vocación de tan veloz criatura. En la etapa de adaptación no es difícil sacudir por equivocación al JCW dado el mínimo recorrido para que funcionen. Tras un uso constante en carretera, en nuestra unidad tendían a chillar las pastillas.
Después de cubrir 206,1 kilómetros, en su mayoría en montaña, autopista y un par de tramos en ciudad con mucho tráfico, el consumo promedio fue de 38,1 kilómetros por galón de gasolina extra, una cifra razonable que puede subir bastante si no se controlan los impulsos de hacer correr al JCW.
En ciudad difícilmente hará más de 30 kpg, pero el gasto de combustible será un factor poco relevante en el comprador de un juguete de este carácter, que está hecho para disfrutar sin amargarse la vida pensando en el costo de la próxima llenada del tanque.

Placer de pocos
El MINI John Cooper Works está disponible desde los 106,9 millones de pesos (a la fecha de publicación de esta nota) si se habla de la carrocería tradicional.
Es un precio alto en términos absolutos que se verá justificado en un tipo especial de cliente que valore un automóvil que se maneja como pocos en el mercado. Ahí está su mayor virtud más allá de su diseño.
Al lado de los A1, DS3 o MiTo que hemos podido disfrutar por los mismos recorridos en carretera, diríamos que el MINI se mantiene como la referencia en comportamiento dinámico y en apartados como la posición de manejo, el Alfa Romeo y el Audi logran ser igual de buenos (el Citroën peca por unos pedales poco profundos).
En cuanto a los acabados y los materiales internos, el pequeño inglés creemos que ya ha sido superado por el alemán y el francés está en un nivel muy similar. En practicidad, el ganador es el DS3 al ser el único de cinco plazas.
A la larga, la extensa oferta termina, como siempre, respondiendo a distintos tipos de necesidades.
La entrada de audio auxiliar y el puerto USB están casi escondidos en el área delante de los portavasos.
La luz ambiental se controla desde una de las palancas metálicas del techo e ilumina las manijas de las puertas o los parales centrales del techo. Su gama de colores va desde diversos tonos de rojos o azules hasta el verde o el amarillo.
La iluminación es soberbia por el alcance, la amplitud y constancia del haz de luz. Las unidades de xenón equipan seguimiento en curvas (video ilustrativo).
Para acompañar el agradable ronroneo del motor, siempre estará ahí un muy buen equipo de sonido firmado por Harman/Kardon.
Como en otros MINI y BMW manuales, la reversa se acciona venciendo una resistencia adicional al empujar el selector hacia la izquierda. Preferimos los sistemas en donde se acciona una suerte de gatillo o se hunde el pomo.
A veces, la cortinilla del techo no es suficiente para obstruir la luz del sol que entra por el techo panorámico.
Llantas: Dunlop SP Sport 01 205/45 R17
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