Prueba: Chevrolet Spark GT

El Spark GT fue otro de los importantes lanzamientos de Colmotores para 2010 y la última incorporación a su línea de montaje en Bogotá. Después de recorrerlo por lugares para los que incluso no fue diseñado, fuimos sorprendidos en varios aspectos. 

 

Texto y fotos: Manuel Fernández.

Encanto por lo mundano

Nuestra calificación de este vehículo

3.5

Ficha Técnica

Chevrolet Spark GT

La historia del Spark, pese a ser un producto que dista de ser una revolución en la industria o un objeto de deseo entre las masas, tiene cierto encanto pues su nacimiento se dio cuando Daewoo, en plena década de los noventa, decidió adquirir los derechos del diseño de un prototipo que homenajeaba al legendario Fiat 500 y que había sido diseñado por la casa Italdesign, al mando de Giorgetto Giugiaro.

La adaptación que llegó a la línea de montaje de aquel concept car italiano fue la primera generación del Daewoo Matiz, lanzado en 1998, que evolucionó en el conocidísimo Spark y su posterior actualización, que aún está a la venta.

Ese tierno aspecto del Daewoo de entonces se fue alejando de su alma Fiat, cada vez con trazos más agresivos y propios, llegando a lo que hoy es el nuevo vehículo global de General Motors, un totalmente nuevo Spark que acá, por cuestiones de mercadeo, recibe el apellido GT.

Tal como ocurre en el Cruze, la simple premisa de que sea un carro que pueda ser comercializado en diferentes latitudes ha significado que la evolución sea radical en varios apartados, pues si se pretende vender un Spark en países como Estados Unidos, aún muy reacios a medios de transporte tan pequeños, más vale que sea algo con muchos argumentos.

Detalles por aquí, detalles por allá

Una básica cabina –por apariencia y acabados- no es algo raro en el segmento A, salvo honrosas excepciones. Con el Spark varias horas pasaron mientras pensaban la mejor manera de utilizar cada rincón y el resultado dista de ser básico, al menos desde el punto de vista del diseño.

No sorprende con la primera impresión, pero no hace falta que pasen muchos kilómetros para empezar a notar diminutos detalles que hacen la vida a bordo muy cómoda. El primero surge por naturalidad cuando uno se empieza a acomodar, pues por instinto (en mi caso), uno busca un hueco para poner la billetera, después el celular y hasta el reproductor de música.

Un enorme bolsillo debajo de los controles del aire acondicionado es el que recibe con amabilidad todos los objetos que uno lleva y aún puede albergar lo que el acompañante de turno porte. De noche no incomoda pues está iluminado con una luz indirecta que de paso ayuda a mejorar el ambiente interior.

Si la intención es tener algo más a la mano, se dispuso de un pequeño espacio a la izquierda del timón, que se ubica junto a un monedero que en un país como Colombia es una tentación para más de un indeseable al estar muy a la vista.

Para el pasajero hay otro lugar, justo arriba de la guantera, en donde podría caber una sombrilla pequeña. Siempre se pueden usar también dos grandes portavasos, uno de los cuales alberga un cenicero nómada con la tapa extraíble.

Pero no, aún no es suficiente, así que hay que sumar dos amplios bolsillos en las puertas delanteras, que en la parte media de los paneles también ofrece otro pequeño receptáculo en donde podría caber un celular pequeño.

Ya en la zona de atrás se percibe un contraste,  pues además del reglamentario revistero detrás del asiento, sólo hay un portavasos más pequeño al final de la consola central. Los planos internos de las puertas posteriores denotan un aspecto demasiado “simplón” si se comparan con el resto de la cabina.

La posición de manejo es mejor que en el promedio de vehículos de su tipo, así el volante no ofrezca ninguna regulación, se agradece una banqueta en donde se puede variar la altura, incluso si este movimiento no incluye el espaldar.

Las pequeñas sillas ofrecen buen soporte lateral, más en el espaldar que en el cojín, que junto a un tablero muy bien pensado, no permiten que las rodillas de los más altos se vean sin mucho lugar. La blanda espuma aguanta mejor de lo esperado el paso de los kilómetros.

Atrás se agradecen tres apoyacabezas y un cinturón central de tres puntos, un excelente detalle de cara a la seguridad. El espacio es apenas lógico si se tiene en cuenta el tamaño del carro, que acoge bien a una persona de 1,75 metros. Las piernas quedan cercanas al respaldo de adelante pero los pies se pueden meter por debajo de las sillas, lo que a en la práctica es más importante. Pero no, no alcanza todavía a igualar al eterno rey de la amplitud en esta categoría: el Renault Twingo. El baúl es testimonial: lo normal y lo esperado.

Están bien resueltos los sencillos acabados, el tablero (que con demasiado sol puede reflejarse con claridad en el parabrisas) no se ve tan plano gracias a unas líneas decorativas que recorren toda la pieza y la zona de la radio -que incorpora puertos auxiliares y USB- está rodeada por un plástico que imita la fibra de carbono.

Los materiales empleados no transmiten la solidez de los plásticos granulados de un Kia Picanto, pero en conjunto el aspecto que se logra está entre los mejores de la gama.

              

¡Se creció el enano!

Si el equipo de diseñadores se esforzó para lograr un habitáculo muy amable con el usuario, el trabajo de ingeniería con el conjunto mecánico en general también es de destacar.

Una grata sorpresa, que nos dejó notar el progreso de los productos de GM DAT, es que el Spark supera en algunos apartados a otro Chevrolet con el cual comparte la línea de montaje y cuyo portafolio se actualizó apenas el año pasado: el Aveo.

Un timón de buen grosor controla una dirección que nos agradó más que la de muchos vehículos de mayor tamaño que el Spark; no tiene esa sobre-asistencia que está tan de moda en algunos productos de perfil económico, lo cual permite afrontar las curvas sin hacer muchas correcciones y un centrado en autopista que transmite seguridad. En ciudad, su ambiente natural, no hay reproches. Primer aspecto en que nos gustó más que su pariente.

En marcha la relación entre altura y anchura se deja notar en autopista o curvas amplias, afortunadamente controla muy bien esa tendencia “brincona” de estos micro-carros, lo que ya es un gran avance, mientras que a buen ritmo se perciben con frecuencia los naturales movimientos de balanceo, que se controlan bien al no ser demasiado bruscos o amplios.

Exigiéndolo se muestra muy estable tratándose de algo de uso exclusivo en ciudad (en teoría, claro). Volvió a superar al Aveo en maniobras como frenadas bruscas desde velocidades de autopista, pues para nuestra sorpresa (otra vez) el tren trasero no presentó ninguna tendencia a flotar ni de moverse hacia los lados, fenómeno que sí hemos notado antes en su hermano mayor.

Su propulsor no progresa tan rápido en los dos primeros cambios debido a unas relaciones de caja que hacen responder mejor sus 80 caballos desde tercera en adelante. En ese sentido se desenvuelve mejor –paradójicamente- en vías amplias.

Si se desea adelantar en ascensos en primera o segunda, lo mejor es llevarlo más allá de las 5.000 revoluciones, que muchas veces se tendrán que suponer a oído pues el creativo tacómetro del Spark GT no resulta tan visible en maniobras rápidas de este tipo (podría ser más grande). Lo más conveniente para tener siempre un buen margen de respuesta es tenerlo por encima de 3.500 rpm.

En quinta marcha a 120 kilómetros por hora, marca 3.900 giros, es decir que la caja en su última relación tiende a ser corta, mejorando así la recuperación y permitiéndole llegar a su velocidad máxima sin requerir mucho espacio. La precisión del comando permite cambiar con rapidez pese a un embrague que corta alto. Ahí también nos agradó más que su hermano.

Por último, diremos que si bien la insonorización es la normal en su gama, en autopista se torna más silencioso, siendo los espejos la principal fuente de ruidos.

El consumo del Spark GT después de un recorrido de 248 kilómetros (faltando unos cuantos antes de terminar su evaluación), incluyendo un día completo de tráfico en ciudad durante un tortuoso sábado bogotano y varios tramos por carretera exigiéndolo con frecuencia, fue de 54 kilómetros por galón.

                          

Simpleza convincente

Lo bien resuelto que está el Spark GT en todos sus aspectos hace que sea muy satisfactorio para un uso rutinario a pesar de que es un vehículo de entrada que carece de características que uno, en este oficio, a veces tiende a extrañar.

Un común y corriente vehículo –por precio- puede llegar a ser más que eso si el trabajo a la hora de concebirlo está bien hecho, por esa misma razón cierto encanto nació hacia el Spark GT durante el tiempo en que estuvo en la nómada redacción de automovilescolombia.com.

Bloc de notas

Los útiles espacios de las puertas y el tablero vienen pintados en su parte interna con una pintura color plata en el caso de las unidades más equipadas del Spark GT. Dan la impresión que con el uso se podrían pelar.

Si el Spark elevó el listón en varios apartados en su categoría, debería hacerlo en el de la seguridad con unos frenos con antibloqueo (ABS), que no están disponibles.

El silencioso sonido de las direccionales activadas hizo que no fuera algo raro dejarlas prendidas por olvido.

El hecho de haber integrado las manijas de las puertas traseras en la zona de los vidrios laterales, recurso empleado por la Nissan Pathfinder, el Alfa Romeo 156 o el Seat Leon, derivó en un punto ciego inusual en un auto urbano, pues al parquear adiciona más superficie al grueso paral C.

Si se abusaba de la velocidad al pasar por algunos baches, el portón del baúl tendía a emitir un ruido de vibración.

Los cinturones delanteros no son graduables en altura.

El aire acondicionado hace que el rendimiento disminuya con notoriedad. En ciudad no tiene mayor importancia, pero en carretera es mejor apagarlo si se quiere efectuar un adelantamiento difícil.