Prueba: Volkswagen CrossFox

Volkswagen trae de nuevo el ahora interesante CrossFox a Colombia, esta vez, con un equipamiento a la altura del mercado en el cual se apresta a competir, el de los crossover de entrada. 

Texto: Juan Moreno, Manuel Fernández. Fotos: Luis Chahín

El segundo tiempo

Nuestra calificación de este vehículo

3.5

Ficha Técnica

Volkswagen CrossFox

La primera andadura del Volkswagen CrossFox por estas tierras no estuvo precisamente marcada por un éxito rutilante. Diferentes factores, como una tasa cambiaria desigual con Brasil, su país de origen y un pobre equipamiento en el apartado de seguridad, lo convirtieron en un producto que, aunque interesante por su concepción, se hacía poco competitivo en un segmento dominado por compactos muy bien dotados y pequeñas camionetas más calificadas en la relación costo/beneficio.

Hace poco más de un año nos llega la edición remozada de este automóvil, que ahora viene bien dotado en seguridad activa y pasiva, concordante con los tiempos modernos (o al menos con lo mínimo).

Joven zorro

Este Volkswagen es una creación nacida en la planta de la marca en Brasil y está hecho para hacer frente a otros desarrollos de rivales como Renault (Sandero Stepway) y Fiat (Palio e Idea Adventure). Se trata de un subcompacto basado en el Fox que también conocimos aquí, con decoraciones pseudo-todoterreno y una altura repensada sobre el piso, amén de unas ruedas con labrado diferente y soluciones típicas de camioneta para incursionar por fuera del asfalto.

Por fuera, se asume la identidad visual vista en los frontales del portafolio de la casa, sobre todo en el Golf de sexta generación. Se abandona ese aspecto tan agresivo con el “mataburros” del anterior modelo. Tiene unos nuevos rines y unas líneas decorativas más estilizadas, luces traseras de nueva distribución interna, direccionales en los espejos, rueda de repuesto exterior con un brazo distinto y un habitáculo mucho más cuidado en su presentación.

Adentro, muestra unos asientos blandos pero que sujetan bien. Son regulables en altura (en lo más bajo siguen estando muy arriba en términos generales), lo cual nos gusta siempre y cuando no midamos más de 1,9 m. Tienen el logo del auto bordado en los espaldares, un toque típico de los productos enfocados al ocio y la “aventura”. Los materiales del tapizado se intuyen resistentes al tiempo.

Hay que destacar el espacio interno para el cuerpo y las piernas. El CrossFox no parece un subcompacto pues las medidas en la cabina son más que suficientes para albergar con soltura a cuatro pasajeros de diferentes tamaños, incluso, un niño queda bien en la quinta plaza y hay un cinturón reservado para sujetarlo. El baúl, gracias a que está liberado de la rueda de repuesto, es suficiente para equipajes pequeños, aunque para acceder ahí hay que superar un borde de carga alto. La banca trasera corre al estilo de un Renault Twingo, se dobla y puede plegarse contra los espaldares.

El tablero de instrumentos evoluciona en cuanto a la percepción de calidad, cercano al de un Gol por los plásticos empleados (todos rígidos) y ahora, al menos, posee una guantera con tapa.

La iluminación de los indicadores, tanto análogos como digitales, es clara, sobria y muy vistosa. Existe ahora un display central con variada información de consumos, distancias y audio. 

El volante, regulable en altura y profundidad, es de buen tacto y desde allí puede gestionarse el mando de la telefonía y la radio. Sus botones son los mismos de otros Volkswagen, pero al presionarlos no dan la misma sensación de solidez.

En la consola central también hay buenos terminados, con las salidas de aire con bordes cromados. El radio es de fácil operación y los puertos para los periféricos son fáciles de encontrar, como debe ser. Las ruedas de la ventilación son las tradicionales de perilla, algo que puede deslucir en todo el conjunto, pero ya pedir un climatizador digital sería excesivo en esta gama.

La ubicación de la rueda de repuesto es de dichas y desventuras. Por una parte, libera espacio al interior y al estar por fuera de la carrocería presume un look más aventurero y off road, pero el problema viene al retirarse para poder hacer la apertura de la compuerta trasera. Debe dejarse un buen espacio para girar el brazo que sostiene la llanta, o sea, no puede recostarse contra una pared o cerca de otro vehículo pues esto impediría la operación. Además dificulta las maniobras de estacionamiento pues hay que calcular las distancias contando con el voladizo que representa el elemento en cuestión. La apertura es remota y al girar el brazo se libera el portón solo. Si éste se llegase a cerrar, hace falta mover de un lado a otro para que se vuelva a el acceso por sí mismo.

Zorro de campo

El motor es un viejo conocido, el 1,6 de 101 caballos que data de los años 90 y vimos impulsando al anterior Polo y al Golf de la cuarta serie. Entrega un torque de 14,6 kg-m a 2.500 rpm y tiene ocho válvulas, lo cual permite que salga muy bien desde la inmovilidad, pese a quedarse sin fuelle después de las 4.500 vueltas. Esto no supone un gran defecto en la vida real, pues la vocación del CrossFox no son las grandes velocidades.

Esta versión es cinco centímetros más alta que el Fox, auto del que deriva y que ya no se vende en Colombia. Esto le permite transitar por vías secundarias sin mayor dificultad siempre y cuando tengan el piso firme. En ciudad, pasa por encima de cualquier “general acostado”, las innumerables protuberancias y deformaciones de nuestras vías y supera casi todos los obstáculos que podrían dañar su carrocería. Estas características están ayudadas por unas llantas Pirelli Scorpion de labrado mixto que se comportan sin mucho ruido en vías asfaltadas y sortean dignamente los caminos con menor adherencia. Las suspensiones, también reforzadas, tienen una puesta a punto que resulta muy adecuada en toda circunstancia. Lo suficientemente blanda en asfalto y sin tendencia a flotar en destapado, para hacer la conducción y el confort un punto destacable en la calificación final de este carro. En ese sentido, es mucho menos blando que un Fiat Palio Adventure (prueba en Automóviles Colombia).

En carretera, el CrossFox no resulta el más veloz dada su configuración, pero se defiende bien arrancando de cero y puede lograr velocidades crucero sin mayores esfuerzos.

El selector de cambios es típico de la marca, con recorridos precisos, cortos y agradables, que engrana sin complejos. En esto también se nota un trabajo de ingeniería más prolijo. El tacto de la dirección es buena y sus reacciones predecibles. La asistencia no es muy marcada aún desde parado y operarla no produce fatiga a corto plazo. La aceleración podría estar mucho mejor favorecida de no ser por una caja en general larga, con relaciones similares incluso a la de ciertas automáticas de cuatro marchas por lo que se pierde desde primera a tercera.

El pedal de freno está bien calibrado en su tacto, lo que en Volkswagen no siempre es así. Esto porque la mayoría de autos del grupo ofrecen una sensación “esponjosa”, con un pedal falto de reacción, pero en este CrossFox, el sistema opera normalmente y sin ser un dechado de virtudes en este apartado, se detiene bien sin mayores sobresaltos. Su distancia entre ejes no es impedimento para que mantenga la línea en paradas bruscas.

El consumo nos pareció un poco alto, sobre los 38 kilómetros por galón en uso mixto, tal vez penado por el peso y la aerodinámica, además de lo antiguo del motor y una caja que exige llevarlo en la zona alta del tacómetro.

Piel de zorro

Sin duda, le ha venido muy bien a este CrossFox el cambio estético de sus líneas, mucho más modernas y acordes con las de sus parientes europeos, algo que se ve reflejado también en su interior, menos austero y más completo. Es cómodo y funcional para el día a día en ciudad y algo de campo y si bien su propulsor no es el más moderno, el más potente o el más económico, mueve con soltura y de acuerdo a su concepción a este Volkswagen.

El despeje sobre el suelo, la buena puesta a punto de su suspensión y una sorprendente amplitud lo hacen una opción muy considerable si estamos mirando crossovers de entrada, donde la apuesta es sacar el mayor provecho de un pequeño espacio y hacer de los segmento B mutados a minicamionetas, verdaderos compañeros en una rutina agitada, siempre y cuando la asistencia al paseo no sea masiva y el volumen de equipaje no implique un trasteo en cada salida.
 

Bloc de notas

En la zona lateral interna de los asientos delanteros van ubicadas unas mallas en material elástico para retener mapas o pequeñas botellas.

Es de los pocos Volkswagen en los que las luces no se operan con una rueda sino con una palanca.

La pieza plástico que rodea de la silla del pasajero se aprovecha con un pequeño bolsillo a un costado. Inteligente.

La cara interna del portón del baúl apenas está recubierta. Mucha chapa.

En la unidad probada en Bogotá, uno de los apoya-codos de las puertas tenía un error de terminación al dejar salir material aislante y pegamento de una de sus uniones.

En la consola central hay un testigo que indica cuando está mal asegurado el brazo que sostiene la rueda de repuesto. Igualmente desde allí puede desbloquearse dicho elemento.

El limpiaparabrisas trasero puede regularse para que funcione con intervalos de tiempo.

Ambos parasoles delanteros tienen espejos con tapa.

La radio tiene entrada hasta para tarjetas SD.

Llantas: Pirelli Scorpion ATR 205/60 R15