Prueba: Mercedes-Benz GLK220 CDI 4Matic

La nueva GLK con motor Diesel se convierte en una interesante opción entre los SUV compactos Premium por su relación entre rendimiento y consumo. 

 

Texto: Manuel Fernández. Fotos: Daniela Hermida, Manuel Fernández

Un toque racional

Nuestra calificación de este vehículo

4.5

Ficha Técnica

Mercedes-Benz Clase GLK

Introducida a finales de 2010 durante el Salón Internacional del Automóvil de Bogotá, la GLK220 CDI llegó al portafolio de Daimler Colombia no solo para posicionarse como la alternativa de entrada a la gama de esta camioneta compacta, sino para competir con opciones similares que Audi y BMW ya venían ofreciendo sobre sus respectivas equivalentes, la Q5 y la X3.

Si analizamos su aspecto, esta nueva versión no se diferencia mucho de la GLK300 a gasolina. Lleva los mismos rines y desde atrás se delata su condición por los nueve caracteres de su denominación, que se acomodan en el portón del baúl.

Por tratarse de una variante menos aspiracional, prescindieron de ciertos accesorios como el techo corredizo o las luces de xenón, cuya ausencia también implica que los faros posteriores no utilicen tecnología LED.

Sobria, mas no parca

La identidad que hace reconocible al habitáculo de un Mercedes-Benz está presente en la GLK, cuya combinación de materiales da una impresión de lujo que jamás deriva en una apariencia recargada.

El negro de nuestra unidad de pruebas contrastaba con piezas en aluminio y unos pocos apliques cromados, que junto a la iluminación blanca y amarilla contribuyen a un ambiente de sobriedad que no aburre debido a las formas angulosas y originales del tablero, que podría parecer hasta retro.

A partir de ahí, el precio a pagar se empieza a notar en la calidad de los remates y el diseño que se evidencia en cada pieza, desde el mismo momento en que se cierra una puerta y genera ese clasista sonido que nos anticipa una cabina sólida y bien insonorizada, resuelta con dedicación en el plano ergonómico pese al abundante equipamiento.

Nuestra única queja en ese apartado es que de querer intervenir sobre los mandos del climatizador automático, la bien pensada disposición de botones, por estar justo delante de la palanca de cambios, hace obligatorio bajar mucho la mirada.

Destaca que no optaron por materiales más económicos en lugares en los que por lo general se ahorra por no estar tan a la vista de los pasajeros, siendo un buen ejemplo toda la zona alrededor de las piernas. Los parales delanteros y centrales están forrados en tela y toda la guantera está recubierta por dentro en una alfombrilla que se asemeja a la gamuza.

Pequeñeces como la adecuada resistencia al movimiento al girar cada perilla o que los bolsillos en el respaldo de los asientos delanteros se operen con cuerdas y sean más que la típica hendidura en la tapicería aumentan la percepción de calidad y marcan la diferencia en la vida a bordo. Lo único que desluce es el tosco recubrimiento de los parasoles y uno que otro plástico liso en color negro mate.

También hay una faceta práctica, pues a la larga este tipo de camionetas, a pesar de heredar ciertos detalles de los sedanes de lujo de la casa teutona, tendrán un uso de familia.

Ahí entran a jugar soluciones más funcionales y menos lujosas como el fondo de caucho en los bolsillos de las puertas delanteras, el versátil reposa-brazos posterior que incluye un bolsillo y dos portavasos desplegables que varían su tamaño para adaptarse a un recipiente o el ingenioso baúl, que en nuestro vehículo equipaba accesorios opcionales como una alfombra auxiliar o una red separadora, que se instalaba con facilidad usando los ganchos y huecos dispuestos tanto en el espacio de carga como en el techo.

El piso del maletero, además, dispone de una cuerda con un gancho para sostenerlo en el marco y así evitar que estorbe si se quiere extraer la llanta de repuesto, que viene desinflada para ahorrar espacio (con un compresor de aire).

Una cuadrada figura permite que en ninguna de las dos filas de asientos haya problemas a la hora de llevar personas altas, sin embargo –y replicando a sus competidoras– la GLK es más para transportar a cuatro con comodidad, puesto que el quinto ocupante tendrá que estar con las piernas demasiado separadas, cortesía del voluminoso túnel de transmisión.

Para terminar con el interior, diríamos que la postura al volante es casi impecable. Las suficientes graduaciones del asiento, cuya regulación eléctrica se limita a la altura de la banqueta y al respaldo, sumadas a un timón telescópico, una excelente visibilidad a través de los espejos y el abundante área acristalada, dan como resultado que se maniobre a este compacto SUV sin ningún problema.

            

Trotamundos ahorrador

Varias virtudes son las que logran que la GLK220 CDI sea un medio adecuado para cubrir varios cientos de kilómetros sin apenas sentir fatiga.

Por un lado está la comodidad de marcha. A pesar de sus enormes rines de 19 pulgadas montados sobre llantas de muy bajo perfil, el andar, incluso en ambientes urbanos, filtra bien las irregularidades y rara vez transmite movimientos rápidos o bruscos a los pasajeros. En terrenos agrestes (al menos con los que puede este todoterreno ligero) el trabajo de la suspensión brilla por lo silencioso e imperceptible.

La nombrada insonorización también se hace presente al circular en autopista a velocidades aún por encima de lo lógico en una camioneta con una tipología tan familiar.

Tales características complementadas por la excelente dureza y soporte de los asientos hacen que se puedan hacer viajes largos sin que el cuerpo pida tan seguido un descanso.

El conjunto mecánico, que es justo la novedad en la GLK220 CDI, está compuesto por un propulsor cuatro en línea Turbo Diesel que, contrario a lo que indica su nombre, es de 2,1 litros (2.143 cm3). Entrega 170 caballos de 3.200 a 4.800 vueltas y un torque máximo de 40,4 kg-m desde las 1.400 hasta las 2.800 revoluciones. La transmisión automática empleada es la conocida 7G-Tronic de convertidor de par con siete velocidades.

Las múltiples relaciones y la respuesta en bajas hacen que se puedan efectuar ascensos en carreteras de doble sentido o autopistas de varios cambios de altura en quinta con tranquilidad y siempre con una reserva de aceleración disponible desde poco más de 1.500 rpm.

Al acelerar con decisión, el velocímetro se consume con una facilidad sorprendente pero a su vez con una progresividad que aleja a este Diesel de otras plantas de poder de su tipo que manifiestan con más contundencia la entrada del turbocargador. A ratos podría parecer un gasolina por la viveza con la que sube de régimen y roza la zona roja, a casi 5.000 revoluciones por minuto.

Como en buena transmisión de Mercedes-Benz, el modo pseudo-manual no pretende funcionar igual que en Audi o BMW seleccionando las velocidades a voluntad sino que bloquea la caja en el cambio escogido y emplea ese o los que están abajo, es decir que si se elige la sexta, no necesariamente rodará en sexta sino que puede ir en cualquiera de las relaciones inferiores. Eso se puede hacer bien con la palanca o las paletas detrás del volante.

Habríamos deseado en esta caja más suavidad en ciudad y en algunos cambios de marcha, que se operan con rapidez suficiente pero en más de una ocasión podrían causar uno que otro sobresalto.

La asistencia del sistema de tracción total permanente 4Matic le da una capacidad mejor de lo esperada al sortear caminos en muy mal estado. Pudimos enfrentar sin contratiempos una exigente pendiente llena de piedras y zanjas con más de un desnivel que ponía en el límite los ángulos de la GLK, con el agravante del mal clima.

El único limitante en estas condiciones son sus llantas de asfalto, que la dejaron enterrada en otro ascenso que aparentaba ser inofensivo, por más que actuara el control de tracción para evitar que las ruedas giraran sin fin alguno.

Y es que en asfalto es en donde más brilla la GLK, con un límite que admite un altísimo margen de seguridad en caso de ser necesario llevar a cabo alguna maniobra evasiva o se aborde una curva a un ritmo mayor al deseado, situación en la que está el apoyo de una dirección que sin ser la que más información da, siempre tiene una dureza adecuada y acción rápida, por debajo de las tres vueltas entre topes.

Los frenos también están a la altura de la capacidad de aceleración y recuperación y se operan por medio de un pedal preciso y suave, aunque no tan directo en su acción.

Después de recorrer 286 kilómetros por distintos tipos de vías que incluyeron destapados leves y exigentes, carreteras de doble sentido, autopistas y algo de ciudad, más de una vez aguantando lluvia y aprovechando en varias ocasiones toda la potencia disponible, el consumo promedio obtenido fue de 44,4 kilómetros por galón, una cifra que demuestra la tecnología involucrada no solo en el motor sino en las medidas aplicadas bajo el concepto BlueEFFICIENCY.

Transitando en los abundantes trancones de Bogotá en horas pico, su rendimiento se baja a 33 kpg, mientras que en autopista a 100 km/h constantes en sexta puede lograr más de 50.

                              

Con moderación

El toque racional en la nueva GLK220 CDI está en que siendo un vehículo de lujo construido para desempeñar largos viajes teniendo debajo del capó una máquina capaz de ser muy rápida, entrega consumos menores a los de muchos automóviles genéricos.

Por los 117,9 millones que se piden a la fecha por una unidad como la que pudimos evaluar, Daimler Colombia posicionó un producto con toda la identidad típica de los autos y camionetas de la marca pero con un valor agregado desde el punto de vista económico y de autonomía.

Bloc de notas

Tal como en el Clase C Estate, hay una canasta plegada debajo del piso del baúl, muy útil si se quiere guardar algo mojado sin necesidad de ensuciar el tapete.

El retrovisor izquierdo podría abrirse un poco más para dejar ver mejor el camino.

Con el control de la llave es posible bajar los vidrios a distancia, pero no subirlos.

La gestión de la interfaz Comand, a través de una perilla en la consola central, requirió en nuestro caso menos costumbre que el MMI de Audi.

Al abrir la gaveta central, se halla junto a los portavasos un cenicero extraíble de caucho.

El termómetro de agua en el cuadro de mandos es más preciso de lo usual. No es el típico que se queda en una posición fija sino que indica una temperatura más real.

En maniobras de parqueo, sería preferible que al liberar el freno la GLK tomara menos velocidad.

Sus faros halógenos tienen una iluminación competente, aunque no sobraría un poco más de alcance de las medias al lado izquierdo.

Llantas: Bridgestone Dueler H/P 235/50 R19 (adelante) y 255/45 R19 (atrás).