Prueba Comparativa: Kia Cadenza 3.5 V6 vs Škoda Superb 1.8 TSI

La entrada a la gama alta en nuestro mercado ofrece dos opciones que, sin pertenecer a la línea de un fabricante Premium, se destacan por su relación costo-beneficio y por lo satisfactorios que resultan dentro de sus propios estilos. 

Texto y fotos: Manuel Fernández.

Rebeldía sofisticada

Ficha Técnica

Kia Cadenza
Škoda Superb

La llegada del Kia Cadenza a finales de abril pasado no sólo fue la viva exposición del más grande progreso de los surcoreanos haciéndose presente en Colombia, también su arribo abrió un interesante duelo con un competidor que en décadas recientes siguió un camino en ascenso similar de la mano del grupo Volkswagen: al Škoda Superb le había llegado un serio contendor.

Diferencia justificada

No es un fenómeno reciente que un par de firmas cuyos productos más relevantes apuntan hacia gamas populares propongan su propia visión del lujo. Kia y Škoda son dos de las que han optado por lanzar berlinas del segmento E con mucho espacio por relativamente poco precio.

El Kia Entrerprise fue uno de los primeros pasos en este experimento, una adaptación del Mazda 929 que después evolucionó en el Opirus, que apareció en 2002, precisamente, un año después del lanzamiento del primer Škoda Superb de nuestros tiempos, el cual aprovechó a conveniencia los genes del Volkswagen Passat de entonces.

Los autos evaluados en estas líneas son la más evolucionada expresión de una idea que, si sigue existiendo, es por dar buenos resultados en regiones con criterios de compra mucho más amplios y racionales.

El Cadenza ya dejó atrás la identidad decididamente conservadora y asiática del Opirus. El Superb, por su parte, ahora mezcla conceptos de varios tipos de carrocería, convirtiéndose en un producto muy especial.

  

Con mucha madurez

Los habitáculos en ambos sedanes denotan un gran cambio a favor. Para el caso del Kia, la sofisticación ya hace parte de la fórmula, mientras que para el Škoda, la funcionalidad ahora es un factor mucho más relevante y las piezas compartidas con su hermano en Volkswagen son mínimas.

Si hablamos de apariencia, el Škoda es más simple. Los coreanos se han esforzado para que todo entre por los ojos. En los dos hay buenos y abundantes detalles de calidad que se mezclan de manera inevitable con otras características que delatan que aún se mantienen por debajo de los 100 millones de pesos.

El Cadenza emplea variedad de materiales, desde una bonita imitación madera oscura que se combina con plásticos en negro brillante, hasta inserciones que lucen como aluminio satinado en la consola central, todo repartido en cierta armonía con muchos acentos cromados en tablero y puertas. La parte que cubre la pantalla del medio está forrada en cuero.

El Škoda es más sobrio, con menos piezas brillantes. El único contraste claro es el símil de palo de rosa (que podría tener una apariencia más lograda) y las costuras blancas en el cuero de los asientos, más suave que en el Kia, aunque sin perforaciones.

Plásticos blandos en las zonas más visibles están combinados en los dos automóviles con unos más rígidos y económicos con buena apariencia, gracias a un tratamiento granulado en lugares como la guantera o parte de los paneles de las puertas.

En el coreano el detalle que más sorprende es la iluminación ambiente, con una luz indirecta en color rojo que alumbra en la noche todo el interior. El nombre “Cadenza” brilla en la zona de los estribos delanteros.

Nuestra unidad de pruebas no contaba con el techo de vidrio con el que sí se comercializan los Cadenza en Colombia y en su lugar había un curioso elemento decorativo (Mood) con líneas azules, moradas y blancas que dividía opiniones; se podía graduar su brillo o apagarse.

Mientras tanto, el Superb empleaba el mismo tipo de luz ambiente sin tener intención alguna en el plano visual: prefirieron en la casa matriz iluminar en un elegante blanco las manijas de las puertas para ubicarlas más fácil en la noche. Una pantalla táctil de rápido funcionamiento es su carta de presentación para sorprender al vecino.

Exponiendo lo no tan bueno, lo menos elaborado en el Škoda es la factura del porta-gafas superior, algo delicado. En el Kia fue de lo más curioso notar que al abrir los parasoles con espejo se requería prender las luces de cortesía manualmente. Su guantera debería venir tapizada.

La posición de manejo permite mayores graduaciones en el Superb. El volante del Kia no es regulable en profundidad y al variar la altura también lo hace bastante su inclinación. En todo caso, se logra en los dos una postura que permite que las horas y los kilómetros pasen y no se note cansancio alguno. El Škoda tiene una cabina un poco más calurosa.

Los asientos delanteros del checo son de un gusto mucho más europeo, con más soporte lateral y una forma menos voluminosa.

                

Caminos diferentes

Las marcadas diferencias en el planteamiento de estos dos vehículos empiezan a notarse al mirarlos a fondo, puertas adentro.

En el Cadenza hay una clara vocación de sedán corporativo: una cortina trasera automática y un oscurísimo polarizado en los vidrios laterales traseros aíslan del mundo exterior a los pasajeros de la segunda fila.

Así haya cinco plazas, son quienes van en los cuatro costados los que más disfrutan, pues en cada uno de esos asientos hay calefacción en tres niveles. Adelante, además, hay ventilación, algo muy inusual en las sillas y que está disponible en segmentos muy superiores. El timón también ofrece la posibilidad de calentarse en la zona tapizada en cuero.

El argumento de respuesta en el Škoda no es con un nivel equivalente de accesorios, ya que si el Cadenza es sobradamente amplio atrás, el espacio del Superb casi que roza lo ridículo en el buen sentido de la palabra; hay tanto lugar que hasta se dispusieron dos simpáticos reposapiés que se ubican encima de los tapetes, En el Kia se podrían cruzar las piernas, en el Škoda casi que estirarlas.

Dicha característica influyó en la ubicación de las salidas de aire atrás, que en el Kia están al final de la consola central; en el Škoda decidieron instalarlas en el paral B.

En el checo la cortinilla trasera es manual, aunque, al disponer de un polarizado más gradual en los vidrios, también ofrece dos de estos accesorios en cada puerta posterior.

El respaldo del quinto pasajero es menos rígido en el Cadenza y se convierte en un enorme descanso para los brazos con dos portavasos, un bolsillo y controles para el radio y calefacción de los asientos, eso obliga a que –contario al Superb- el apoyacabezas sea de altura fija. En el Škoda se hereda dicha pieza de otros autos del grupo Volkswagen y se obtiene un contenedor de bebidas que se adapta a distintos recipientes.

En el Kia los asientos de atrás no son abatibles, como si ocurre en el Škoda, que, por cierto, tiene un túnel de transmisión que deja un mayor escalón en el piso. Ahí yacen las diferencias claves y el Superb empieza a distanciarse con elementos propios de autos más familiares.

Al baúl del Cadenza (451 l) se accede de la manera tradicional. En el Superb, el portón tiene dos modos de apertura, uno usando la compuerta “de toda la vida” (para mantener a los pasajeros aislados del clima) y otro en donde también bascula el vidrio trasero sí se quiere mejorar el acceso a los masivos 565 litros, un volumen propio de algunos Station Wagon.

El Kia tiene en este espacio ganchos metálicos para sujetar las maletas en el piso, su equivalente ofrece unos en plástico para colgar bolsas de mercado en cada uno de los costados.

El Superb es una berlina de cinco puertas y no lo aparenta, el Cadenza un sedán de concepción clásica, con una figura más armónica que el Škoda, que persigue más la función que la forma.

                            

Del papel a la práctica

La conducción es otro de los factores que continúan evidenciando las claras diferencias que van apareciendo entre Superb y Cadenza. Son la muestra de dos puestas a punto pensadas para distintos mercados, también, confirman la variedad que uno puede encontrar en el plano mecánico en esta gama de precios. La teoría apunta hacia una holgada ventaja del Cadenza sobre el Superb si del motor hablamos.

Dentro del ambiente urbano, son más maniobrables de lo que parece, además, las asistencias de parqueo hacen bien su labor. En Kia se optó por una cámara de buena resolución cuya imagen se ve en el retrovisor interno y un cuadro en el tablero que indica la presencia de objetos detectados por los sensores posteriores; el Škoda expone la misma información al medio de la cabina, tiene sensores adicionales adelante y un asistente de automático que es capaz de mover por sí solo el volante al maniobrar en paralelo hacia el lado derecho.

En movimiento, la diferencia no es tan abrumadora como lo indica una teórica ventaja de 130 caballos a favor del Kia. El V6 atmosférico a la altura de Bogotá tiene plena capacidad para recuperar desde las 2.000 rpm. Sin embargo, sus caballos y su torque se muestran con notoriedad desde los 4.500 giros, en donde la progresividad de su empuje empieza a desaparecer sintiéndose más fuerte. El agradable bramido del V6 cobra más protagonismo bajo estas circunstancias.

El TSI de cuatro cilindros del Škoda tiene como ventaja la sobrealimentación del turbo, que compensa en gran parte la pérdida en rendimiento a la altura de la capital del país. Esto se suma a un torque máximo disponible desde bajas revoluciones, constante hasta el corte a 6.500 (“despega” a partir de las 2.500).

Al ser ambos de tracción delantera, el "torque steer", es decir, la tendencia de la dirección a halar hacia algún lado al acelerar con decisión gracias a la abundante potencia, se suele percibir de manera ocasional. En ninguno de los dos carros llega a ser muy acusado de presentarse.

Otro aspecto que sigue volviendo más interesante este duelo es la transmisión, que en el Škoda es la DSG de siete velocidades y doble embrague en seco, con todo y su extraordinaria rapidez, en donde la transición entre marchas es imperceptible y no interrumpe la fase de aceleración.

El Škoda mejora aún más las buenas relaciones del Kia, que responde con suficiente soltura en modo manual siendo una caja de convertidor de par y que en ciudad funciona con más suavidad que el Superb.

Eligiendo la función para hacer a voluntad los cambios, en los dos se pasará a la siguiente marcha al llegar a unas 6.500 rpm. En el Škoda no se aprovechó tanto como en el Kia y se prefirió el uso del modo “S”, que interpreta muy bien las condiciones de manejo.

En el Kia, su tranquilo carácter se hizo presente también a la hora de exigirlo en carretera. En un tramo de constantes ascensos y descensos, con curvas cerradas que requerían varias reducciones y frenadas, la transmisión entró unas tres veces en una suerte de "modo de protección”.

Se bloquearon las marchas entre tercera y cuarta sin obedecer las órdenes hechas con la palanca, asumimos que es un sistema para preservar la mecánica y evitar potenciales dolores de cabeza. Aclaramos que esto no pasó en ningún momento interrumpiendo algún adelantamiento y se presentó al circular a bajas velocidades, por lo cual no nos parece en absoluto un inconveniente. La función manual volvía a funcionar unos segundos después.

Si de prestaciones se habla, ambos tienen una respuesta y recuperación más que suficientes para adelantar con tranquilidad y mantener ritmos altos en autopista. El Škoda se percibe más contundente al acelerar aunque la pérdida en suavidad es leve. Está pensado hacia quienes valoran más el rendimiento sobre la comodidad.

Completando el conjunto, sentimos en ambos unos frenos, suspensiones, chasis y dirección muy consecuentes con la “personalidad” del motor y la caja.

El Kia tiene un temperamento perfecto para un conductor más conservador, de nuevo citamos su vocación como un vehículo corporativo, para ser llevado por un chofer mientras su propietario se relaja atrás. El Superb, siguiendo su mencionada actitud más familiar, todavía piensa en un dueño que aún quiere conducir.

La marcha del Kia es mucho más suave, absorbiendo las irregularidades sin problema alguno. Eso en autopista también significa unos movimientos más amplios de su carrocería. Su comportamiento, pensado para un público más del gusto norteamericano, es menos aplomado que en el europeo Superb, que es más rígido en su amortiguación. En uno prevalece más el aislamiento absoluto de la vía, en otro la estabilidad.

El mismo fenómeno aparece de nuevo al llegar a los giros más cerrados en montaña. Un cambio brusco sobre la precisa dirección del Cadenza resulta en un subviraje casi inmediato que se corrige a tiempo con el oportuno control de estabilidad, que actúa con decisión sobre la rueda delantera en apoyo.

Su contrincante checo entra mejor en las curvas y responde con propiedad ante variaciones repentinas en su dirección, más directa y menos asistida, su control de estabilidad por el contrario tiene que funcionar ante insinuaciones leves del casi inalterable eje trasero. Ahí podría incidir su menor peso y distancia entre ejes.

En los dos, los frenos aguantaron el uso intenso en un recorrido idéntico. Desde muy altas velocidades, la mordiente en el Škoda es más notoria. Tanto el Cadenza como el Superb se detienen con seguridad y en ningún momento presentaron movimientos extraños.

En ambos se llevó a cabo un recorrido en carretera igual, más desfavorable para el Kia si se habla de tráfico, pero el clima estuvo en contra del Škoda. A 120 km/h el Kia es capaz de lograr en sexta marcha más de 30 kilómetros por galón, situación en la que el Škoda en su séptima relación arroja unos 50 kpg.

Tras superar los 250 kilómetros de recorrido total con ambos, el promedio final registrado en el Cadenza fue de 26,2 kilómetros por galón, en el Superb se lograron 42,7, una diferencia apenas obvia determinada por el tipo de motores, que resultan muy eficientes si se tiene en cuenta lo que entregan a cambio.

                                                  

Filosofías casi opuestas

Para aquellos rebeldes que se quieren alejar del rebaño consultando más sobre su futura adquisición, el Cadenza y el Superb podrían ser dos compras muy satisfactorias si se analiza bien con qué fin está pensado cada uno. Sus diferencias son apreciables en muchos sentidos.

El Cadenza propone elegancia y espectacularidad, el Škoda razón con ingenio, el carácter de los dos en la ruta son el retrato de como se crea un vehículo para distintos mercados y es de agradecer que en Colombia tengamos la posibilidad de escoger entre opciones tan disímiles pero a la vez tan cercanas.

El Superb no persigue al pie de la letra el planteamiento de sedán para ser llevado por un conductor como sucede con el Cadenza. Conserva en sus genes esa línea de transporte también familiar de sus hermanos de gama, pensando aún en un dueño con espíritu joven que aún quiere estar al volante.

Del Cadenza podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que es el mejor producto que ha logrado la marca coreana en su historia.

Bloc de notas

Detalles ingeniosos mínimos pero valiosos: el fondo con un caucho antideslizante en la gaveta para conectar dispositivos de audio en el Kia y el bolsillo para la sombrilla en la puerta trasera izquierda del Škoda, con su propia canaleta para evacuar el agua.

Los ruidos de advertencia, bienvenida y despedida en el Cadenza son bastante “relajantes”, el saludo del Škoda es un sutil movimiento de agujas al girar el contacto.

Como dato curioso, el Cadenza no tiene bloqueo central automático.

Al engranar la marcha atrás, la cortinilla trasera en el Kia se oculta.

El sistema Keyless Entry del Kia detecta la presencia del conductor al acercarse en la noche y abre los espejos automáticamente encendiendo la luz de cortesía bajo los mismos para iluminar el suelo. En el Škoda se puede graduar, como en otros autos del grupo Volkswagen, la apertura de las cuatro ventanas y el plegado de los espejos con el control remoto.

Tienen un sistema de iluminación muy completo, con doble antiniebla atrás y luz de marcha diurna, en LEDs en el Kia. El Škoda tiene, además, seguimiento en curvas con alumbrado en esquinas y lavafaros, ambos tienen xenón en las luces medias, con un tono más azulado en el Superb.

El Superb incluye un paquete de malas carreteras con la valiosa adición de un protector de cárter de serie.

Dentro de su completísimo equipo de seguridad, los dos cuentan con bolsas de aire laterales traseras, es decir, tienen de serie ocho airbags.

Llantas: Cadenza: Nexen Classe Premiere CP643A 225/55 R17, Superb: Michelin Energy Saver 205/55 R16.