Prueba: Renault Sandero Dynamique 1.6

Condujimos la versión Dynamique del hatchback subcompacto más vendido del país, cuya propuesta fue completamente refrescada y recibió todos los cambios que ya exhiben los nuevos Logan. 

Texto y fotos: Santiago Álvarez (@santi_al91).

Valor de referencia

Nuestra calificación de este vehículo

3.5

Ficha Técnica

Renault Sandero

Con la presentación de la nueva generación del Logan, era de esperar que la línea Sandero recibiera ese toque de modernidad y refinamiento visto en el sedán, convirtiéndolo en un producto más homogéneo. Destinado a medir sus fuerzas con toda la oferta de hatchbacks que rozan los cuatro metros de largo y se comercializan entre 30 y 45 millones de pesos, el subcompacto de Renault es líder de esta franja del mercado desde hace años y es el vehículo más vendido de la marca en el país.

Dado que en ocasiones anteriores hemos detallado los avances experimentados en la actualización de esta familia de modelos de Renault, para nuestro auto de pruebas son válidas las impresiones generales publicadas en la prueba que hace unos meses realizamos al Logan II, concentrándonos en aquellos puntos donde existen obvias diferencias.

Estampa familiar

Si en la anterior generación Renault quería diferenciar al Sandero con una imagen más juvenil y unos trazos más elaborados, la renovación de ambos productos trajo como consecuencia una unificación en su diseño. Debido a ello, solamente la vista desde la parte posterior permitirá distinguirlos con facilidad, pues ahora es más evidente que este hatchback es la variante de dos volúmenes del Logan.

La unidad que probamos es la versión Dynamique, intermedia en la gama Sandero (por encima está el Automático), la cual incorpora algunos elementos distintivos, como los rines de 15 pulgadas estilo “Nevada” y los faros antiniebla. Este nivel de equipamiento también es el máximo que a la fecha se encuentra disponible con la caja mecánica.

La cabina es idéntica a la que vimos en el Logan y de la cual se pueden extrapolar todas las impresiones en relación a sus acabados y el diseño. Sigue siendo un auto espacioso y, de nuevo, encontramos un habitáculo mejor aislado que en el pasado. A nivel visual, las únicas diferencias que encontramos respecto a la versión que evaluamos del sedán son los controles manuales para la climatización y la ausencia del comando que desactiva la alerta acústica de los sensores de reversa, que no vienen incluidos en este modelo.

Al revisar su baúl de 320 litros, encontramos una zona de terminados sencillos, donde lo más novedoso es la presencia de la rueda de repuesto dentro del baúl. Con pulsar un par de botones en los extremos de la banca, se puede abatir el respaldo posterior (divido en proporción 60:40) y configurar una bodega de 1.196 litros de capacidad, que durante nuestro periodo de pruebas nos ayudó a realizar una pequeña mudanza, transportando elementos como algunas cajas y maletas de diversos tamaños, un televisor de 32 pulgadas en su respectivo embalaje y los paneles de un mueble desarmable. No fue necesario sacrificar la postura de manejo de este servidor, aunque si adelantamos al máximo la posición del asiento del copiloto.

Precisamente la practicidad es una de las virtudes de este modelo frente a sus rivales, pues una boca de carga amplia (aunque elevada) y un espacio de formas regulares permiten transportar objetos voluminosos sin problemas. Sin embargo no es fácil acomodarlos, pues al plegar el respaldo, el piso de carga no es del todo plano. En esa circunstancia, el acceso por las puertas traseras (de buen ángulo de apertura) ayuda en dicha labor.

Algo para destacar es que los asientos son más mullidos, lo cual redunda en un mayor confort cuando se pasa mucho tiempo a bordo. De nuevo encontramos tres apoyacabezas y anclajes ISOFIX, aunque sigue pendiente la instalación del cinturón de tres puntos para la tercera plaza. Dos bolsas de aire frontales y los frenos ABS completan el paquete de seguridad.

Probado y comprobado

Prácticamente las impresiones de manejo que anotamos del Logan II se pueden transmitir al nuevo Sandero, donde no palpamos diferencias apreciables. Aunque hay otras que son evidentes, como el conjunto mecánico.

Heredado de su antecesor, el conocido motor K7M de 1,6 litros y ocho válvulas continúa bajo el capó de casi toda la gama Sandero II, aunque con algunos cambios en su gestión mecánica (menor relación de compresión, acelerador electrónico, entre otros), por lo cual ahora entrega 85 hp (cinco menos que antes), pero el torque aumentó levemente hasta los 13,4 kg-m. Como buen impulsor monoárbol, se percibe una respuesta solvente desde muy bajas revoluciones y se pueden hacer desplazamientos urbanos rodando entre 1.500 y 2.000 rpm.

Esta renovada planta de poder va acompañada de una caja mecánica de cinco velocidades, cuyos tres primeros cambios son muy cortos a fin de exprimir todo el torque del impulsor. Sin embargo la tercera marcha es un poco más corta que antes y la cuarta conservó la misma relación, por lo cual se puede percibir una pérdida de empuje en algunos momentos. Debido a ello, su rango de uso óptimo se encuentra entre 3.000 y 4.500 rpm.

Dicha combinación hace del Sandero II un auto sumamente agradable en ciudad, pues el motor exhibe brío en los despegues y una respuesta enérgica a bajas revoluciones, ayudado por unas relaciones de caja bien calculadas para los entornos urbanos. Obviamente no va a descrestar a nadie con su aceleración, pero no nos dejó la sensación de ser “perezoso” que si evidenciamos en el Sandero Stepway II de 16 válvulas que condujimos durante el lanzamiento de estos modelos por los alrededores de Medellín.

Aunque percibimos un mayor nivel de ruido proveniente del motor que en el Logan II, descubrimos que el K7M puede girar a un régimen menor que el motor más potente, al tiempo que exhibe unas reacciones más suaves y progresa de manera más fluida a lo largo del tacómetro (en ese sentido el 1.6 16V puede ser algo brusco), lo cual permite una marcha refinada. Como el sedán, también exhibe aplomo y solidez en toda circunstancia.  

Ya fuera de los entornos citadinos, consideramos que las modestas cifras que exhibe este impulsor le permiten lograr un desempeño apenas correcto en carretera, sobre todo si las condiciones son algo complejas (como pendientes, sobrepasos o vías de calzada sencilla). Lo mejor será llevar un buen ritmo para superarlas con relativa solvencia o manipular de manera constante el selector, pues no tiene sentido esforzar el motor hasta altas revoluciones, momento en que el elevado ruido no se traduce en impulso adicional.

En rutas de baja exigencia se siente más a gusto, rodando con tranquilidad y sin afanes. En ese tipo de vías es factible mantener cruceros de 110 km/h con el motor girando a 3.000 rpm, que a pesar de ser un régimen alto, es inferior (200 rpm menos) al del motor de 105 hp.

En lo que respecta a su comportamiento dinámico y la experiencia de manejo general, encontramos algunas particularidades frente al Logan II que condujimos, como un leve incremento en la sensibilidad del tren frontal a los vientos cruzados (aunque el peso de la dirección hace que las correcciones sean sutiles). En giros cerrados y virajes rápidos fue un poco más notoria la inclinación de la carrocería, pues el auto se apoyó con más fuerza en el eje delantero. También notamos que durante las frenadas de emergencia es más neutral, pues no percibimos esa leve tendencia a “sacar” la cola que tiene el sedán. 

Tras un recorrido de 435 kilómetros, casi todos en Bogotá y sus alrededores, incluyendo varias horas de denso tráfico capitalino, registramos un consumo promedio de 43,5 km/gal, cifra lógica teniendo en cuenta las características del conjunto mecánico y las circunstancias de la prueba. Hay que anotar que vimos picos de hasta 51 km/gal en carretera.

Evolución 2.0

Sin dejar de ser alternativas racionales configuradas con soluciones simples para responder a las necesidades de un público amplio, son evidentes los esfuerzos de Renault por brindar productos más refinados, que con el paso de los años se han ido puliendo en varios aspectos.

En un momento en el que la relación valor/precio pesa al momento de comprar, la marca no solo quiere que el precio sea el factor decisivo para decantarse por este hatchback, sino también otras cualidades que antes no se apreciaban, como el diseño o el equipamiento. Aunque los cambios no son radicales, sino más bien los esperados, la actualización que experimentó el Sandero le permite al best-seller de SOFASA conservar el impulso comercial para mantener su liderazgo entre los subcompactos del mercado local.

Bloc de notas

-A diferencia de la tapa del baúl del Logan, el portón del Sandero tiene una apertura menos abrupta. No es complicado alcanzarla en su punto máximo de apertura, ni tampoco hay que aplicar mucha fuerza para cerrarla.

-Esta versión viene con el sistema Media NAV que también equipa al Logan II que probamos, sin ninguna diferencia en sus funcionalidades. 

-El patrón de diseño de los tapizados difiere respecto al visto en el Logan, con áreas de color gris claro y el textil tipo malla en color negro.  

-Pese a no contar con los sensores de reversa, tampoco los extrañamos, pues la visibilidad es buena en todas las direcciones.

-Nuestro auto de pruebas estaba pintado en color “Azul Persa”, tono de pintura que es nuevo para la línea Sandero II.

Llantas: Michelin Energy XM2 en medida 185/65 R15